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lunes, 22 de noviembre de 2010

La nueva religión de los liberticidas


Con la caída del muro de Berlín parecía que el socialismo había sucumbido en el vertedero fangoso de la historia, pero los liberticidas se engancharon a un nuevo salvavidas: la ecología.

Los socialistas del siglo XXI han sustituido su discurso centrado en el proletariado por palabras huecas como la sostenibilidad medioambiental, el calentamiento global y chorradas varias que los nuevos sacerdotes de lo verde proclaman a los cuatro vientos con la intención de seguir pastoreando a las masas mediocres y siervas.

Esos sacerdotes excomulgan de forma sectaria a quienes no les rinden pleitesía. Uno de sus nuevos mandamientos divinos está el de “No Emitirás Dióxido de Carbono”.

En base a esto implementan leyes que nos controlan todos los aspectos de nuestra vida: cuanto podremos viajar y en qué medio; la energía eléctrica que disfrutaremos, reglamentando los cortes necesarios como ocurre ahora en Venezuela; la calefacción que debemos tener en casa y la ropa que debemos vestir en función de la temperatura que el iluminado de turno escoja para otros no para él.

Dirán que todo lo hacen por nuestro bien y las masas aborregadas asentarán con su cabeza sometiéndose, sin reflexión alguna, a sus nuevos próceres divinos. Amén.

¡Despertad! Nunca debemos sucumbir ante el intervencionismo y la excesiva reglamentación sobre todos los aspectos de nuestra vida en nombre de la sagrada ecología.

Únicamente debemos impulsar políticas energéticas en función de la eficiencia y bienestar de la humanidad, en esto consiste la verdadera sostenibilidad, y no en base a catastrofismos perversos de unos cuantos espabilados que van a salvar el mundo saqueando a los contribuyentes y medrando a costa de los demás.

El mundo debe posicionarse contra la estupidez ecológica de los nuevos socialistas que quieren condicionar el desarrollo y el bienestar de las futuras generaciones de todo el planeta y que, si no se lo impedimos con rotundidad, se condenará a la miseria y falta de desarrollo a millones de seres humanos.

Es necesario que los consumidores y empresarios aborden el tema con responsabilidad sobreponiendo el realismo por encima de las utopías sostenidas en base a intereses espurios.


Lodicecincinato.tk

http://www.goear.com/listen/c8d16a3/sostenibilidad-www.lodicecincinato.tk





http://www.youtube.com/watch?v=cPxfzRZMfCc






http://www.youtube.com/watch?v=qEIePbglDXE



lunes, 23 de noviembre de 2009

El timo sostenible

Que las dos tardes de clase sobre economía que dieron a Zapatero, caso de que, en efecto, así ocurriera, fueron insuficientes es una obviedad tan de Perogrullo que sobraría tener que señalarla, pero son ya tan recurrente la temeridad con que este hombre rige nuestro futuro económico y la necedad con la que se asoma a los televisores por los que escupe sus desatinos para vendernos filfa, que es necesario, creo yo, una vez más, mostrar la estupidez global y sostenible de este hombre que, merced a la estulticia patria, vino a caerle en desgracia a esta desventurada España.

Nos sale ahora el tipo con la “Ley de Economía Sostenible”, para anunciar la cual ayer se hizo montar un show holliwoodiense. Cree este insensato que las energías subvencionadas con la pasta nacional (que entre otras cosas han incrementado el coste del kilowatio hora hasta un 23 %) son la solución al desastre por el que se desliza la economía española (y hasta puede que este aprendiz de petimetre sueñe con que lo sea también para la economía planetaria).

Pero… ya no se trata sólo de dinero. Va mucho, mucho más allá. La cuestión esta de las energías renovables no deja de ser sino una excusa para que el Estado meta el cazo un poco más en nuestra sopa y acabe por aposentarse en nuestros hogares: un poquito más de Estado en nuestras casas y algunas libertades menos para el ciudadano. Y es que, tal y como muy acertadamente dice Vaclav Klaus, presidente de la República Checa -y que Alberto Gomez Corona cita en su artículo La agenda oculta de Copenhague: El debate sobre el calentamiento global no es acerca de las temperaturas y los niveles de CO2. Es una guerra ideológica entre los que quieren cambiarnos a nosotros (y no al clima) y los que creemos en la libertad, los mercados, en el ingenio humano y en el progreso técnico. Los abogados del alarmismo climático piden una expansión sin precedentes de la intervención del Estado en nuestras vidas. Estamos siendo obligados a aceptar reglas acerca de cómo vivir, qué hacer, cómo comportarnos, qué consumir, qué comer, cómo viajar. Es inaceptable.

La tragedia climática que, al parecer, nos acecha pone a nuestros políticos en bandeja una oportunidad magnífica para que, con la noble excusa de salvar el planeta, intervengan un poquito más en nuestras vidas y nos despojen de un nuevo trocito de libertad. A cuenta de ese calentamiento global que por activa y por pasiva pretenden hacernos tragar, cada día introducen en nuestras vidas nuevas normas, leyes, códigos, decretos y providencias, de manera que al final, para funcionar por la vida, deberemos ir acompañados del correspondiente código de conducta ecológica.

Mientras tanto, y a medida que vayan gravando a las empresas con impuestos que influirán notablemente y para mal sobre su actividad industrial, esta crisis -causada por la avaricia de algunos, según el bien decir de nuestro Presidente- no hará sino agravarse. Nuestros bolsillos lo pagarán, por supuesto, que para eso está el contribuyente. Eso sí…, de energía nuclear ni hablamos, excepto para decirle muy educadamente que no, gracias.

Y, por supuesto, sigamos cargándonos bosques, auténticos recicladores de CO2, para colocar molinos..., a ver si hay suerte y el viento sopla…

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Nota: la imagen es un chiste gráfico dibujado por Martín Morales y está tomada del periódico ABC, de 23-Noviembre-2009.