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miércoles, 2 de marzo de 2011

Chapuzas Improvisadas

            Hace unos días salió la noticia bomba de la semana (la verdad es que últimamente cada semana nos salen con alguna payasada nueva, supongo que así se sentirán mejor consigo mismos al “hacer ver” que están “haciendo algo” por la sociedad, cuando la realidad es que lo que la sociedad quiere es que NO HAGAN NADA MÁS… que ya bastante nos han hecho últimamente). Los límites de velocidad en autovía y autopista se reducirán desde el día 7 de enero (en teoría de forma provisional y temporal… aunque en política todos sabemos lo que significan esas dos palabras, es decir, “indifinida”) hasta un máximo de 110 km/h. 

            La verdad es que no tenía previsto dedicar una entrada en el blog a este tema, pues ya bastante cabreo hay rondando por internet como para añadir un poco más; pero es que hoy leí otras dos noticias y no pude resistirme a aportar mi granito de arena a la controversia y el debate.

            La primera noticia es esta: donde se puede leer que los fabricantes de las dichosas pegatinas que van a tapar las señales dicen, sin ningún tipo de tapujo, que esta medida es una “chapuza”, pues los nuevos adhesivos que se pondrán, al tener que pegarlos sobre otro adhesivo y no sobre el metal directamente, podrán sufrir desprendimientos con elevadas temperaturas y con lluvias fuertes.

            La segunda noticia es esta: donde podemos leer una “odisea” de Jorge Casanova (reportero de La Voz de Galicia), donde narra su periplo al ir desde Galicia hasta Madrid cumpliendo la nueva normativa, y cómo vuelve “al límite de la legalidad” (es decir con una velocidad máxima de 135 km/h). Ahí analiza tanto los tiempos empleados en la ida (5 horas y 45 minutos) y la vuelta (4 horas y 36 minutos), así como la diferencia económica en el consumo del coche a la ida y la vuelta (un ahorro de 1 euro y 88 céntimos).

            Teniendo en cuenta la segunda noticia, si añadimos una variable más al cálculo, vemos que en realidad más que ahorro es pérdida económica, pues en estos tiempos que corren, el tiempo es dinero (eso nadie podrá jamás negarlo), y una diferencia de más de una hora, no compensa ese ahorro de casi dos euros. Pues si la media española de sueldo por hora es de unos 5 euros, ¿dónde han quedado esos 3 euros y 12 céntimos que se han perdido? Y si miramos más allá de este valor, teniendo en cuenta que si a la vuelta también se hubiera atenido a la nueva normativa, ya serían más de dos horas de diferencia. ¿Será capaz “papacito Estado” de pagar por esa pérdida económica? Seguro que nos dará alguna subvención por ello (claro que previamente tendrá que quitársela a aquellos que, hasta las narices de ir a paso de tortuga, se salten el límite y tengan que pagar esas abusivas cantidades por las multas).

            Si nos fijamos en la primera… Cuando se caigan los papelorios de las señales, ¿se seguirán cobrando las multas igual? Cuando los papelorios manchen las carreteras y algún coche tenga un accidente por culpa de ellos (son un peligro si están en la calzada pues los coches pueden patinar si pasan por encima) ¿será “papacito Estado” quién se haga cargo de los desperfectos?... Y ya no digo más.

            La verdad es que esto es una chapuza con todas las de la ley. Casi diría que hemos regresado a los tiempos del genial Ibañez y su cómic de Pepe Gotera y Otilio. Es como si en España la política y sus “medidas mágicas” estuviese diseñada por ellos. Después de todo la base de la política en este país es la del remiendo chapucero. Si algo no funciona, pues se le hace un apaño para que funcione (mal, eso sí) y listo; y en caso de que no haya forma de arreglarlo de ninguna de las maneras, pues se le hace el apaño igualmente y luego, cuando no funcione, pues se le echa la culpa de todo a la oposición, al ciudadano, a los ricos, a los inmigrantes, a los pobres o a quién sea.

            Aquí vivimos en otro mundo. Cuando antiguamente se decía aquello de “Spain is diferent” se referían a nuestra personalidad, a nuestra alegría típica, a nuestro buen vivir. Ahora también pueden decirlo, pero para señalar que todo lo que hagamos será por “llevar la contra”. En Holanda se acaba de derogar la ley antitabaco al demostrarse que era un perjuicio tremendo para los bares. Aquí acabamos de aplicar una ley tan restrictiva que prohíbe fumar incluso en la propia casa de la gente. En Holanda acaban de poner la velocidad máxima en carreteras a 130 km/h. Aquí la bajamos a 110 km/h.

            No quiero saber qué será lo próximo que hagan los holandeses… porque si seguimos así, ya sabemos lo que nos espera.

lunes, 21 de febrero de 2011

Extorsión "administrativa"

            Ayer en el Faro de Vigo (edición digital) viene la siguiente noticia: “En Pontevedra habrá muchos agentes de baja psicológica


            Según esa noticia, los guardias civiles de Galicia, en concreto los de la provincia de Pontevedra, verán peligrar sus sueldos en unos 240 euros mensuales (que se dice pronto), si no ponen más multas. Eso sí, sin especificar cuántas serían “apropiadas” (supongo que ni siqueira importa... quieren más y más y más... y da igual cuantas se pongan nunca serán suficientes).

            Esta noticia no es nueva. Ya desde hace tiempo viene siendo normal escuchar este tipo de cosas. Supongo que en más partes de España y no sólo en Galicia, si bien yo me entero de las gallegas porque suelen ser noticias de periódicos de tirada “local” y, a lo sumo, “autonómica”. Aquí, por ejemplo, vemos que esto ya pasaba en 2010 con la policía. Y seguro que si miramos hacia atrás en el tiempo, también existía… pero más de tapadillo.

            Hace unos días también me resultó curiosa una noticia (también del Faro de Vigo) donde se alardeaba de haber sido multado el primer peatón por cruzar en rojo.

            También tenemos de hace ya un poco más (el mes pasado) la noticia de que se multará a los peatones que no lleven dispositivos reflectantes.

            Viendo sólo las dos últimas noticias, se podría pensar que la DGT piensa en el bien del ciudadano, en el bien del peatón y del conductor, y por eso se dedica a poner multas, no con afán recaudatorio, sino con afán “aleccionador”. Pero entonces se ve la primera y ya todo encaja. Da igual que la gente no tenga ni la más remota idea de esas leyes (en los pueblos del rural gallego, donde la gente se dedica a cuidar la pequeña finca, a charlar en el bar o en la iglesia, la mayor parte de la gente ni se enteró de que de la noche a la mañana era obligatorio ponerse reflectantes). Da igual la “peligrosidad” del asunto. Da igual la “circunstancia atenuante”. Quieren la “pela”. Quieren el dinero.

            Entonces pienso en el significado de “Fuerzas del Orden”. Su propósito “fue” proteger al ciudadano.

            Entonces pienso en el significado de “Culpa”. En teoría cualquier persona es inocente hasta que se demuestre su culpa.

            Entonces me doy cuenta de que a veces peco de ingenuo. De que a veces soy demasiado idealista y optimista. De que a veces vivo en un sueño del que no quiero despertar… pues sé lo que encontraré cuando abra los ojos.

            Encontraré que las “Fuerzas del Orden” tienen como único propósito el sacar dinero de la gente (lo que antiguamente se conocía como extorsión).

            Encontraré que todo ser humano es culpable aunque se demuestre lo contrario.

            … Y no voy muy desencaminado. No se trata de pasar del optimismo onírico en donde me refugiaba al pesimismo realista que me rodea. Es pura y dura realidad. Menos mal que aún quedan buenas personas dentro de las Fuerzas del Orden. Gente que prefiere ser honrada a ser manipulada. Gente que aún sigue siendo un individuo independiente, por muy dentro de la masa que esté.

            Las leyes que atentan contra la libertad del individuo no son más que leyes absurdas que buscan la recaudación fácil. Como ejemplos de ellas tenemos la ley del “cinturón de seguridad”, la ley del “dispositivo reflectante” y demás (y eso porque hoy sólo quiero hablar de “Tráfico”). Yo me pongo el cinturón cada vez que subo al coche, pues es mi responsabilidad, es mi vida y, por muy “de bajón” que pueda estar algún día, le sigo teniendo aprecio. Pero es “mi” vida, y nadie me puede decir lo que tengo que hacer con ella. Si no me quiero poner el cinturón, viene “papacito Estado” y me multa por ello. No se dedican a obligarme a ponérmelo, ni mucho menos, simplemente me quitan un dinero por estar así. Si yo voy por la calle, de noche, en mi pueblo, ya me encargaré de ponerme algún tipo de dispositivo luminoso reflectante “por si acaso”… pero si no lo hago, es mi decisión, y no la de “papacito Estado” cobrarme por ello (pues en este caso, tampoco es que te obliguen a ponerlo, simplemente te cobran).

            Y como esos dos ejemplos, cualquiera que se le ocurran a los demás. De un tiempo a esta parte no se busca una educación correcta de la ciudadanía, una educación en unos hábitos de conducta social aceptables… lo que se busca es el dinero fácil. Y para ello nada mejor que un conjunto de leyes recaudatorias tan amplias y extensas (y, sobre todo “ambiguas”) que no dejen títere con cabeza.

            Claro que para ponerlas en práctica se necesita de la complicidad de las Fuerzas de Seguridad. Por el momento aún se van resistiendo… pobres de nosotros cuando ya no puedan hacerlo más.

            Después de todo, poner multas es un trabajo duro… y fácil. ¿Qué es más rentable? ¿Un infractor de 600 euros? ¿Uno de 100 euros? ¿Uno de 50 euros? La realidad nos dice que es más rentable el más bajo, pues si bien es menos dinero, es más la gente que comete la infracción leve. Si en un mes a lo sumo se pilla a un par de kamikazes de 600 euros cada uno, sin esforzarse demasiado, se pueden encontrar con 100 a 200 idiotas de 50 euros… cada día.

            Seamos serios. Tal cual están escritas estas leyes de tráfico, cualquier tipo de acción se puede considerar “infracción”. ¿Estás escuchando música por la radio del coche? Delincuente (se “presupone” que ibas distraído). ¿Estás con una mano en el volante y la otra en el pomo del cambio de marchas? Criminal (se “presupone” que vas a tener un accidente por conducción temeraria). ¿Estás en una rotonda y no has puesto el intermitente en la salida? Psicópata (se “presupone” conducción temeraria)…

            Y mejor no sigamos… que da igual lo que hagamos, que seguro que sin esforzarse demasiado se le puede buscar la multa.

            Y ahora que el peatón también está en el radio de acción de las multas… dejas de proteger a los unos… dejas de proteger a los otros… ahora les cobras a todos. Pues lo que empezó siendo una multa “aleccionadora” (que no veo yo muy bien donde está la lección… al chico le multan por su “temeridad”, a la novia, que hizo lo mismo que él, ni le dicen nada… ¿no es eso discriminación sexista?), con el tiempo (y vista la necesidad económica de todas las administraciones, no demasiado lejano) será a “todos” los que crucen en rojo (independientemente de si era peligroso, de si era una tontería, de si no venían coches, de si es un paso de peatones que se abre 2 segundos de cada 20 minutos… etc.), así como a aquellos que crucen sin mirar, a aquellos que crucen fuera (da igual que sea medio metro o medio milímetro) del paso asignado… incluso llegaremos al límite del absurdo yanqui, donde se multa a aquellos que van hablando por el móvil o escuchando música en sus MP3 mientras cruzan la calle (se les presupone que van distraídos).

            De un tiempo a esta parte parece que se ha perdido el norte. Las Fuerzas de Seguridad del Estado no están para defender “al Estado” sino para defender “al ciudadano”. Después de todo es el ciudadano quién les paga su sueldo. Es el ciudadano quién los ha contratado. El ciudadano, a todos los efectos, debería ser su “jefe”. Pero ya no es así. El ciudadano es el criminal peligroso. El ciudadano es el delincuente más buscado. El ciudadano es un atroz y vil engendro infernal que repta por las sucias calles delinquiendo simplemente con el aire que sale de sus corruptos pulmones.

            Lo que hay que hacer es educar a la gente en un único punto (el resto son secundarios). El concepto de Responsabilidad. La gente ha de hacerse responsable de sus actos. Si cruzas la calle en rojo sin mirar que vengan coches y un coche te atropella, no esperes que el seguro te pague… en realidad serás tú el que le pague al del coche, pues fue tu decisión hacerlo mal, y tu responsabilidad por el hecho. Si no te pones el cinturón de seguridad en el coche y tienes un accidente y te quedas paralítico, asúmelo, no es culpa del coche, es culpa tuya por idiota… es tú responsabilidad.

            Eduquemos en la responsabilidad y la gente aprenderá que cada acción tiene una reacción. Que hay que hacerse responsable de cada decisión que se tome. Y la responsabilidad hará que la gente tome las mejores decisiones posibles.

            Pero no interesa eso. Interesa más que la gente haga las cosas mal y se les cobre por ello. Interesa más que cuando la gente ya está hasta las narices de todo esto, y dejen de hacer las cosas mal, se “inventen” nuevas cosas que están mal, para así seguir cobrando por ello.

A esto hemos llegado. A la extorsión del ciudadano. Al robo a pleno día.

            Pero… eso sí… siempre “por nuestro bien”