Es clamoroso el silencio que se mantiene a nivel mundial sobre las prácticas de “dumping” que realiza China en toda su enorme maquinaria comercial. Recuerdo que lo que hace es vender por debajo de los márgenes que se consideran lógicos y necesarios para que la masa obrera esté lo debidamente motivada para seguir trabajando y rindiendo óptimamente. Y lo digo también porque el sistema es una venenosa mezcla de comunismo corrupto, neoliberalismo desaforado y mafia calabresa, pero en chino. Y esto, tampoco es ningún secreto.
Este es el esquema que las multinacionales están llevando a todos los rincones del mundo, en un fenómeno que ellos llaman “deslocalización”, que no es sino localizar esos sitios donde la miseria te obliga a trabajar por menos del sueldo de subsistencia, atándote a un trabajo de por vida. Estamos ante la segunda gran esclavización, después de la desencadenada por los españoles y portugueses con el comercio de esclavos durante los siglos XVII y XVIII. Todo vale con tal de generar excelentes balances y mostrar a los accionistas que se está ganando dinero a espuertas.
El efecto “colateral” es el desmantelamiento de todas las industrias locales de lo que, hasta ahora, se llamaba “Mundo Desarrollado” y de ahí viene el eufemismo de “Países Emergentes”. ¿Significa acaso que se ha reducido la pobreza en Brasil?¿O solamente que la suma del que más gana más la del que menos, dividido entre dos da positivo? Que se lo pregunten a los brasileños de a pie. Es cierto que se deberían de optimizar los rendimientos de los trabajadores del primer mundo, para que sus ingresos fueran acordes con su trabajo real y por objetivos cumplidos, pero no por ello es menos cierto que lo que se está cometiendo en los emergentes es un atropello contra la dignidad humana en el trabajo que, tarde o temprano, acabará por pasar factura, bien mediante una revolución social, bien mediante un paso hacia adelante en las relaciones sociales en la industria y el comercio.
La crisis es un estupendo caldo de cultivo para ver cómo reaccionan las masas obreras en un periodo, por otra parte, sombrío e incierto. Estamos viendo los primeros estallidos de la presión en la gente trabajadora. Sobre todo en China. Los suicidios se suceden vertiginosamente, a cada paso que las multinacionales dan a la rosca para apretar más en la jornada de trabajo y en los cumplimientos de los “compromisos” de entrega. Tengamos en cuenta que la masa salarial china supera a las de muchos países desarrollados considerados conjuntamente. El día en que dicha masa salarial diga basta, se producirá un “crack” en muchas bolsas mundiales, que siguen creyendo que el “milagro chino” es otro sueño inacabable.
El punto crítico se alcanzará cuando las multinacionales fuercen a los trabajadores chinos a trabajar por un precio en mercancía final que sea asequible a un mundo desarrollado sin capacidad de compra, y, sin embargo, los trabajadores chinos, se nieguen a cumplir dichos compromisos de entrega. En ese momento, los balances no cuadrarán, las cuentas no coincidirán y los mercados bursátiles no sabrán qué estará pasando.
Los sueños no duran, si dependen de la imposible plasticidad de los trabajadores. Hasta ahora, los chinos han demostrado un grado de flexibilidad inigualado. Otra cosa, bien diferente es, que puedan llegar a ser indestructibles. El despertar de los emergentes, como siempre, es un proceso dialéctico entre los que quieren salir de la miseria sin perder su vida en el empeño y los que, habiéndolo tenido todo, ahora no pueden comprar si no es a precios de risa.
La conclusión es que ni somos tan desarrollados, ni ellos son tan emergentes. El hilo se romperá. Lo raro es que no nos haya informado de tal coyuntura el Ministro de Fomento, el Señor Blanco. Será que ni siquiera tiene las dos tardes de economía que tiene su jefe. Es imperdonable que no nos informe de ese “paraíso comunista” que es la China post-maoísta. Si me tengo que cambiar de país, por favor, no me dejen ir a China. A cualquier sitio, menos a China. A cualquier sitio menos allá donde haya “sueños socialistas hechos realidad”.
