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jueves, 6 de octubre de 2011

Libertad de Expresión

              Ayer, en una conversación con un colega referente a este tema, surgieron las diferencias de pensamiento entre ambos. Lo que para él era algo normal, para mí era algo impropio. Tal vez al ser una conversación de facebook no me expresé con la claridad suficiente como para posicionar mi punto de vista de forma concreta, así que ahora aprovecho el blog para explayarme un poco más en este asunto.

              Sé que mi opinión al respecto va a levantar ampollas, y que posiblemente no gustará a casi nadie, pero aún así me gustaría dejar constancia de ella y de las razones de porqué pienso así. No voy a callarme para agradar a quién piense diferente, no soy tan “político”(entendiendo esta palabra como un sinónimo de cínico o hipócrita) como para ello, y prefiero que los demás renieguen de mí o de mi opinión, a ser yo mismo quién reniegue de mis principios.

              La noticia en cuestión es la del rapero este al que detuvieron por sus comentarios del estilo de: “Yo seguiré brindando cuando ETA le vuele la nuca a un pepero”, o “Yo fusilaría a Zapatero en la plaza de Las Ventas”. Y mi visión particular del tema es que si bien no estoy de acuerdo con sus afirmaciones y me parecen realmente repugnantes y carentes de cualquier tipo de decencia, no por ello creo que haya que detenerlo. Y la razón de esta afirmación está en la libertad de expresión.

              Cuando se habla de libertad de expresión la gente suele asumir que hay límites a la misma… y eso es un error. La libertad (cualquier libertad) no debe tener ningún límite, pues en ese caso deja de ser una libertad real y pasa a ser una libertad castrada y por lo tanto ya no es libertad. Y en el tema de la libertad de expresión aún más. Pues así como en la libertad individual fija el límite en la libertad individual de los demás, lo cual es lógico pues una invasión por cualquier parte a esa libertad, deja de ser la libertad de uno para ser la asusencia de libertad de la otra parte, por lo que es un límite “natural”, y no un límite “impuesto”. En la libertad de expresión nunca se invade la libertad de expresión de los demás, de forma que no se les elimina esa libertad, y aquellos que no comulguen con las ideas del primero, siempre podrán emplear esa misma libertad para posicionarse en contra.

              La libertad de expresión no debería estar limitada por nada. Pues hay que aclarar varias cosas. En primer lugar saber diferenciar entre opinión y hecho. Una opinión entra dentro de la libertad de expresión, y a nadie se le debería condenar por opinar diferente al resto (al margen de lo repulsivas o denigrantes que pudieran ser esas opiniones). Un hecho entra dentro de la libertad individual, y por lo tanto sí que sería condenable.

              Por ejemplo: Una persona dice en público que a los políticos hay que matarlos a todos. Otra persona saca una escopeta y se dedica a matar políticos. El primero expresa una “opinión”. El segundo ejecuta un “hecho”. Ahora alguien me dirá que eso se dice todos los días y no pasa nada, que a nadie se le condena por ello. Pues en lugar de esa frase empleemos esta otra: “Hay que matar a todos los judíos”, o esta “Los musulmanes son unos cabrones que estarían mejor todos muertos”, o bien esta “Los católicos son la escoria de la humanidad y habría que erradicarlos a todos”… o bien, por dejar de lado la religión, “Los negros son seres inferiores”, o “Las mujeres en la cocina y dos leches si contestan”, o “Esos nórdicos rubiales de ojos azules son todos unos nazis de mierda y habría que exterminarlos como hicieron ellos con los judíos”. Pues seguro que alguna de estas frases se ha escuchado y no ha pasado nada, entonces, ¿porqué cuándo ese rapero dice esas frases sí que pasa? ¿Qué diferencia hay?

              Enaltecimiento del terrorismo… un delito que es demasiado subjetivo como para poder ser considerado como tal. Pues primero habría que definir “terrorismo”, y si lo analizamos bien, en realidad desde el mismo momento en que una persona deposita su voto a un partido, ya habría que detenerla por ese delito… Si vota al PSOE, está “enalteciendo” al GAL, que es ni más ni menos que terrorismo. Si vota al PP, está “enalteciendo” al franquismo y la guerra de Irak, que también se pueden considerar terrorismo (según a quién se le pregunte). Si vota a Bildu, está enalteciendo a ETA. Si vota a ERC, está enalteciendo a Terra Liuvre… y así sucesivamente. Nadie se salva. Pues a según los ojos de quién mira, todo es susceptible de ser considerado “terrorismo”. Y no hablemos ya de los símbolos "populares". Un chaval con una camiseta del Che, también debería ser condenado por apología del terrorismo. Una foto de Stalin o de Lenin... una estrella roja en cualqueir bandera... una imagen de Fidel Castro... una esvástica... un crucifijo... una media luna... una estrella de david... Todos esos símbolos podrían ser considerados por alguna parte como "apología del terrorismo", pues en el caso de las fotos e imágenes de los que he mencionado... menudos criminales asesinos. En el caso de los símbolos religiosos, todos ellos, en algún momento de su historia, significaban la muerte (normalmente precedida de mutilaciones y torturas) para todo aquel que no profesase esa fe (o para cualquiera que le callera mal al religioso de turno, que tampoco es plan "discriminar")

              La única solución real es eliminar esos conceptos que en sí mismos atacan la libertad de expresión. Una persona debería poder opinar lo que le diera la gana, y aquellos que no estén de acuerdo, deberían poder rebatir sus argumentos con la misma libertad. Mientras todo se quede en el concepto “opinión”, no es potestad de nadie (a mi modo de ver) el condenar o privar de libertad a una persona. Ahora bien, cuando de la “opinión” se pasa a la “acción”, entonces sí que ya tenemos algo punible y condenable.

              En este tema en concreto, el del gilipollas este (yo, en mi libertad de expresión, opino que este tío debería sufrir en sus carnes lo que significa el terrorismo, a ver si entonces opinaba igual), lo único que se ha conseguido al detenerlo, es darle fama y poder. Antes lo conocían en su casa a la hora de comer… ahora está en boca de todos. El “hecho” de detenerlo ha logrado lo opuesto a lo que se pretendía. Si lo que se quería era “callarlo”, en realidad ahora, gracias a las maravillas de la información, todo el mundo lo conoce, todo el mundo opina al respecto, su mensaje llega a más gente… ¿Se ha logrado algún bien con esto? Creo que no. De haberlo dejado en paz, ahora mismo seguiríamos como siempre, pasando de él y de sus tonterías.

              Si le damos valor al hecho de que la libertad de expresión debería estar “limitada”, “controlada” y “acotada”, lo que estamos haciendo es dándole potestad a los políticos a que hagan con ella lo que quieran. Primero será la “apología del terrorismo”… ahora Rubalcaba quiere añadir también a los partidos políticos que fomenten el odio ideológico (en este caso, el primero debería ser el propio PSOE, pero mejor dejar este tema para otra ocasión). Luego vendrá otro que crea que también hay que eliminar las connotaciones peyorativas hacia las personalidades públicas. Luego otro opinará que también hay que impedir que… Y podría seguir así eternamente, al final se podría llegar al absurdo de tener que cuidarse mucho en el lenguaje, no sea que un tercero nos denuncie por hablar mal de nosotros mismos… Y no es tan descabellado el pensar así. Sólo recordad en cuantas ocasiones se denuncia a la gente por sus palabras, sean amenazas, sean insultos, sean simples comentarios peyorativos, o también expresiones populares que se han malinterpretado. Ahí caemos en lo “políticamente correcto”. Por ejemplo si a una persona de raza negra se le dice “negro”, te pueden denunciar por racista, xenófobo, por daños morales o lo que quieras imaginar. Si a un homosexual se le dice “maricón”, pues te denuncian por homófobo, machista, retrógrado o lo que sea (por cierto, una de las acepciones de la RAE de maricón es: “Hombre afeminado u homosexual”, la otra es “insulto”, ahora bien, la denuncia te la hacen siempre, independientemente de cuál sea la acepción empleada)… y así con todo.

              Las palabras pueden herir, y mucho, desde luego. Pero esas mismas palabras pueden ser usadas por todos. La dialéctica es el arma perfecta. Con argumentos se pueden conquistar ciudades, así como también liberarlas. Con argumentos se pueden evitar guerras, así como también empezarlas. Con argumentos se pueden unir pueblos, así como también dividirlos. Si limitamos, por poco que sea, la capacidad de expresarnos, estamos limitando también esos argumentos… pero estamos limitando más a los beneficiosos que a los perjudiciales, pues los que mandan no suelen emplear la dialéctica, simplemente “mandan” y punto. Y es la base, la ciudadanía, el pueblo, el que emplea esos argumentos para evitar que los de arriba se desmanden. Limitar, por poco que sea, esa capacidad, no evita que los de arriba sigan mandando, sino que evita que los de abajo puedan protestar.

              Habrá ocasiones en que la “libertad de expresión” de otra persona nos duela, nos incomode o nos repugne. Pero nosotros podemos emplear esa misma “libertad de expresión” para contraatacar. Si creamos leyes que limitan esa expresión, ¿con qué derecho luego podemos nosotros argumentar en contra? Hemos perdido ese derecho, y aún encima le hemos dado alas a los otros para que nos odien aún más.

              Por lo tanto, y para terminar, el colofón a esta parrafada viene a ser el siguiente: “La libertad de expresión es algo que no se debe limitar en ningún caso”, pues cuando una persona, en el uso de esta libertad, hace afirmaciones que no nos gusten y nuestra respuesta es la condena física, entonces es como si le estuviéramos dando valor a esas afirmaciones.

              Si de verdad queremos luchar contra ese tipo de gente, tenemos dos posibilidades fantásticas, la primera es el uso de esa misma libertad de expresión para decirle lo que opinamos de él y de sus ideas. La segunda es hace caso omiso, ignorarlo… y esta segunda suele ser la que más les duele.

              Detener a ese idiota sólo sirvió para darle fama y darle peso a sus palabras… precisamente lo contrario de lo que se pretendía.


               Y ahora queda aquí este post para que cualquiera opine al respecto, en libre ejercicio de su libertad de expresión

lunes, 3 de octubre de 2011

¿Hormigas o Cigarras?

              Acaba de pasarme algo muy curioso en el trabajo. Un paciente llega a buscar su medicación y mientras se la preparo me comenta si sé algo de eso que se habla de que van a empezar a cobrar las medicinas. Un temor muy extendido entre la gente mayor. Su primera respuesta a esa pregunta (es de los típicos que dirigen las conversaciones sin dar tiempo a que la otra parte intervenga, y cuando se interviene, pues ni tan siquiera escucha… muy habitual, también) fue que si eso pasa, él dejaría de ir al médico y se moriría. Su segunda respuesta fue la que me causó estupor (la primera es muy típica también, así que ya estoy insensibilizado a este tipo de tonterías, pues en el 90% de las veces, sólo lo dicen como “extra” en la conversación para dar pena y que así la otra parte se sienta “obligado” a darles la razón en todo), pues para él la culpa de todo la tenían las pensiones contributivas. Si las eliminasen se arreglaría todo el problema. 

              Es decir… una persona que trabaja durante toda su vida e invierte una parte de los frutos de ese trabajo en un plan de pensiones (obligado, es cierto, pero plan de pensiones al fin y al cabo), no tiene derecho a cobrar ese dinero. Mientras que otra persona que no ha invertido nada en ese plan de pensiones (no digo que no ha trabajado, sino que todos sus trabajos fueron siempre “apaños” fuera de los cauces legales para así cobrar más y no tener que pagar nunca nada al Estado; como es precisamente el caso de este “homiño”) tiene los derechos añadidos del primero más los suyos propios.

              Y lo peor no lo encontramos en la estupidez que acaba de decir ese señor. Sino en que lo dice totalmente convencido de que eso sería lo mejor para todos. Pues los que no tienen nada porque nunca invirtieron en nada tienen el “derecho” de que la sociedad les pague por todo. Mientras que los que tienen algo porque en su momento invirtieron con vistas al futuro, no tienen ningún derecho porque son unos criminales-explotadores-acaparadores-especuladores-diabólicos-infernales… o incluso más.

              Se ha educado a la sociedad para que odie a todo aquel que trabaja por su propio beneficio. Se la ha educado en las “virtudes” de la caridad y la solidaridad… pero unas virtudes que nacen del Estado, no de la persona. Un individuo que sea caritativo y solidario es un criminal en sí mismo… el único que puede serlo es el Estado, que se encarga de repartir “justicia social”, quitándoles a los ricos y dándoselo a los pobres. Si el individuo quiere ser solidario, pues perfecto… pero sólo después de que haya dado “voluntariamente” al Estado su aportación correspondiente.
 
              La sociedad tiene la creencia de que el individualismo es malo. Tiene la convicción de que la palabra justicia significa que los de abajo han sido “castigados” por los de arriba y por lo tanto es su obligación el “pagar”.

              Así que plantearé la pregunta de otra forma, para ver es “justo” o no.

              Una persona ha trabajado durante toda su vida, ahorrando un dinero para cuando ya no pueda trabajar. El día que no puede trabajar va a recuperar ese dinero y un tercero le dice que no, que en realidad ese dinero tiene que dárselo a su vecino… ese que vivió bien durante toda su vida y jamás ahorró nada, porque sino el pobre se morirá de hambre y frío. ¿Es justo? 

               Yo no lo veo demasiado “justo” que digamos.

             La fábula de la cigarra y la hormiga llega hasta nuestros días, totalmente pervertida y distorsionada. En el caso de la versión original (atribuida a Esopo) el final de la historia está en que la hormiga se apiada de la cigarra y le da un par de granos de arroz mientras le advierte que todo tiene consecuencias y que hay que ser previsor. En la versión de La Fontaine, la historia es más cruda y así como la hormiga sobrevive gracias a su trabajo y previsión, la cigarra muere a causa de su falta en ambos puntos:

Que faisiez-vous au temps chaud ?                                 ¿Qué hacías durante el verano?
Dit-elle à cette emprunteuse.                                         
le preguntó a la pedigüeña
- Nuit et jour à tout venant                                          
-Día y noche a quien me encontraba,
Je chantais, ne vous déplaise.                                        
le cantaba, no te disgustes          
- Vous chantiez ? j'en suis fort aise.                               
-¿Le cantabas? Me alegro,         
Eh bien! dansez maintenant.                                        
pues bien, ¡baila ahora!

              En nuestros días el final es muy distinto:

Se encuentra la hormiga disfrutando de un momento de tranquilidad. Se acaba de preparar un buen tazón de leche caliente y se acurruca junto al hermoso fuego que da la chimenea preparándose para leer un buen libro y así descansar y disfrutar de las tan merecidas vacaciones invernales. A lo lejos, sufriendo las inclemencias del duro invierno, la cigarra maldice su suerte, pues no tiene nada que le proteja del frío, ni tampoco un mísero grano de arroz que llevarse a la boca.

Pero su suerte está a punto de cambiar.

La hormiga, que ya había encontrado la posición óptima en el sofá y disfrutaba de su lectura sufre un sobresalto cuando el timbre empieza a sonar. “Es la cigarra” piensa, “seguro que ahora viene a pedirme ayuda”. Se acerca hacia la puerta mientras en su cabecita analiza si debería ayudarla o no, pues si la ayuda, no aprenderá la lección, pero si la deja a su suerte, lo más seguro es que muera, y entonces no habrá servido de nada. La hormiga abre la puerta y mira hacia afuera, pero no ve a la cigarra, en su lugar ve un papel extendido. “Notificación de Embargo” dice el papel. La hormiga no entiende a qué viene eso, así que dirige la vista hacia quién porta dicho papel. Una mantis la mira y le dice:
      Por orden del rey de los insectos, se te comunica que has perdido la casa y todo cuanto hay dentro. Se te ha encontrado culpable del delito de “trabajar para tu propio beneficio”. La sentencia es la expropiación de todos tus bienes, la mitad irán para la cigarra, parte agraviada en el conflicto, y la otra mitad para los gastos del proceso y de la burocracia asociada. También se te comunica que a partir de ahora todo lo que trabajes tiene que ser declarado ante el Rey y habrás de entregarle una parte proporcional, la cual será repartida de forma “justa” y “equitativa” entre las cigarras del reino.

La hormiga lo primero que piensa es que es todo una broma. Lo segundo que piensa es en cerrarles la puerta en las narices a la mantis y su papel… pero entonces ve que la mantis viene acompañada por dos avispas que la miran con desprecio mientras pulen los aguijones. Lo tercero que piensa es “este es el mundo al revés”.

              Más o menos así quedaría el final de la historia en la actualidad. La gente tiene la “obligación” de ser solidarios, tanto si quieren como si no.

              Como decía el paciente de esta mañana… que se eliminen las pensiones contributivas y todo se arregla.

              Que paguen los que han ahorrado y le den ese dinero a los que han dilapidado.

              Y luego aún habrá gente que diga que esto es “Justicia”…

              Para terminar me gustaría dejar un video que tal vez explique un poco más el asunto. Está en inglés, pero se le pueden acoplar los subtítulos en castellano en el botón cc abajo a la derecha:

martes, 19 de julio de 2011

¡¡¡Muerte al Autónomo!!!

            Dice un antiguo refrán de estas tierras que “La primera impresión es la que cuenta”. El problema es definir la primera impresión “¿de quién?”. Pues ante un mismo suceso, dos personas que lo analicen por primera vez pueden tener impresiones opuestas, entonces ¿cuál de los dos tiene esa primera impresión que realmente cuenta? Pues la verdad es que ambos. La realidad la marca la percepción del observador, y no se trata ya de una teoría física, sino de un hecho. Lo que para unos es algo bueno, para otros es algo malo. Lo que para unos es un hecho irrelevante, para otros es algo que marca un hito en la historia. 

            ¿A qué viene todo esto? Esta palabrería sin mucho sentido que inicia este post viene por la siguiente noticia que leí ayer: “Un autónomo declara 8.300 euros menos de media que un asalariado” en la cual se analiza (un poco por encima, eso sí) las diferencias que existen entre las declaraciones de la renta medias de un asalariado y de un autónomo. La primera impresión que me dio esta noticia fue algo así como: “estamos jodidos”. La primera impresión que tuvo el gobierno de esto fue algo así como: “están defraudando mucho, hay que cobrarles más”.


            Intentaré analizar este hecho desde mi propio punto de vista, es decir, desde el punto de vista de un autónomo con pocos conocimientos de economía pero con algunos conocimientos de la vida laboral real.

            A nivel general, un asalariado lo tiene difícil a la hora de defraudar al fisco, pues todo lo que gana “legalmente” está declarado, por lo que sólo puede intentar escapar a través de las desgravaciones que le permiten (y que a día de hoy cada vez son menos). Por el contrario el autónomo lo tiene más fácil pues casi toda su actividad se basa en acciones y hechos susceptibles de desgravación. Pero es que el mero hecho de desgravar algo no implica que sea fraude fiscal. Es cierto que muchos autónomos mezclan la vida privada con la vida laboral, pero no por ello son fraudes reales (aunque hacienda así lo vea), pues la mayoría de estos autónomos viven por y para su trabajo, de forma que poca diferencia hay entre vida privada y vida laboral… son autónomos, es decir, gente que cuando vuelven a sus casas, la mayor parte de las veces siguen con la mente en el trabajo y siguen trabajando. Algo que un empleado laboral no suele hacer.

            A nivel “global” también hay que decir que la mayoría de los autónomos no son esos “empresarios millonarios” que tanto se intenta hacer creer a la opinión pública. En realidad de esos hay muy pocos. Hay una gran diferencia entre un autónomo (es decir alguien que trabaja para sí mismo) y un directivo (alguien que trabaja para otro), tanto en sueldos (el segundo suele ser muy superior al del primero) como en posición real (el primero suele ser el dueño de una empresa pequeña, mientras que el segundo suele trabajar en una empresa muy grande). Pero el análisis de la noticia trata sobre autónomos, no sobre directivos.

            Cuando una empresa es pequeña, el que está al cargo es el propio autónomo, ya que es el dueño. Cuando una empresa es grande, no suele tener un dueño, sino muchos (accionistas), y un consejo de dirección, que son gente contratada para que lleven la empresa a buen puerto, pero que no son autónomos. Y aún en el caso de que la empresa sea grande y tenga un único dueño, esa persona ni tan siquiera suele estar dada de alta en el régimen de autónomos, sino en el de “personal de alta dirección” (y eso cuando son “más o menos” honrados y están dados de alta en este país… que lo normal es estar censado en Suiza o cualquier otro paraíso fiscal). De forma que cuando desde los medios de comunicación se habla de estas empresas, y de los empresarios, aún cuando se los equipara a los autónomos, la realidad es muy distinta. Nada tienen que ver los unos con los otros.

            Pero aún así el gobierno los sigue equiparando y sigue tratando al pequeño como si fuera grande (probablemente porque contra el grande no se atreve, y sigue necesitando a un “malo” al que echarle la culpa de todos sus errores). De forma que cuando sale una noticia como ésta, en la que se ve que la media (es decir, que habrá quién gane menos y habrá quién gane más, pero desde luego muchísimos más que ganan menos que los que ganan más) de beneficio es inferior al de un trabajador por cuenta ajena… la única conclusión a la que el ejecutivo es capaz de llegar, es que están defraudando. La única salida que el ejecutivo ve como válida es, subir impuestos a este colectivo y aumentar el gasto en perseguir el fraude fiscal.

            Desde mi punto de vista, un país ha llegado al colmo de los colmos cuando un autónomo gana menos que sus empleados.

            Y puede que estos datos estén “falseados”, en el sentido de que las posibilidades de desgravar de un trabajador por cuenta ajena son mínimas frente a las de un autónomo, y que si las obviamos es probable que la diferencia se ponga a favor del autónomo frente al empleado… pero no por mucho (yo más bien creo que se pondrían casi a la par), pero aún así siguen siendo diferencias muy significativas. Pues un trabajador por cuenta ajena no tiene que hacer frente a la inversión que es el negocio, no tiene que hacer frente a la responsabilidad que tiene un negocio, no tiene que hacer frente a los problemas que tiene un negocio… Un trabajador por cuenta ajena es alguien a quién se le paga por realizar un trabajo, y nada más. Un autónomo no es el que lleva las cuentas del negocio, sino que suele ser alguien que, además de llevar toda la gestión del negocio, también hace el mismo trabajo que el empleado (normalmente porque no le salen las cuentas y no puede contratar a nadie para que haga ese trabajo). Y decir que un empleado gana más que el empleador… es que algo no funciona.

            La política del gobierno es apretar más aún a los autónomos.

            La solución del gobierno es aumentar los impuestos a los autónomos

            La salida del gobierno es hacer desaparecer la figura del autónomo… puede que no lo vendan así, pero al final es lo que lograrán.

            Si la sensación en la calle es que un autónomo no sólo no gana más que un empleado, sino que aún encima está más puteado que estos, tiene menos derecho y más obligaciones… ¿quién va a montar un negocio en este país? Nadie se va a arriesgar a hacerse autónomo si no va a tener una posibilidad de obtener beneficios. Sin ese aliciente, NADIE jamás hará nada por hacerse autónomo. Y si no hay autónomos, no habrá empleados… pues mal que les pese a algunos, la mayoría de los contratos laborales en este país no son a grandes multinacionales, sino a autónomos… pues una gran multinacional contrata a 1.000 o 10.000 personas, frente a un autónomo con un negocio que vaya bien, que puede tener varias personas contratadas. Y la pregunta es, ¿cuántos autónomos hay en proporción a grandes empresas? Evidentemente en España una miseria… pero es que es normal visto el trato que se nos da a los autónomos. Somos el enemigo. Somos la escoria de la humanidad. Cuando a alguien se le pregunta, la respuesta es casi siempre la misma… “los empresarios son los que tienen la culpa de la crisis” (y se asocia a empresario con autónomo), “son unos cabrones que sólo piensan en el dinero”, “venderían a su madre por un plato de lentejas”… Al final se ha creado una ideología en la sociedad frente al autónomo de forma que aquellos que lo somos nos sentimos vilipendiados, los que quieren serlo se sienten intimidados y coaccionados para no serlo, y los que no lo son ya tienen un enemigo cercano a quién odiar.

            Cuando en un país un funcionario gana más que un contrato laboral, significa que el futuro del país está comprometido… que muchas cosas necesitan cambiar para llegar a un “futuro mejor” a corto plazo.

            Cuando en un país un autónomo gana menos que un contrato laboral, significa que el presente del país está comprometido… y que de cara al futuro a corto plazo no hay visos de solución, y muchas cosas hay que cambiar para llegar al “futuro mejor”, y sólo en el largo plazo.

            Si se dan ambas situaciones… es porque el presente está jodido y ya no hay ningún futuro posible, ni a corto ni a largo plazo… si las cosas siguen así.  Y lo peor de todo es que en España vivimos así. Y en lugar de hacer algo para remediarlo, aún se castiga más al autónomo por ser un “mentiroso”.

            Hace tiempo hice una entrada en la que decía que la mejor forma de acabar con el paro en este país era consiguiendo que cada parado se hiciese autónomo. Pero también decía que en un país como este, donde al autónomo se le perseguía en lugar de dársele oportunidades, mal iríamos. Y ahora lo repito.

            Si de verdad queremos acabar con el paro, si de verdad queremos que el país vaya hacia adelante, si de verdad queremos ser una sociedad rica y competitiva, hay que dejar de ver al autónomo como al enemigo. Hay que fomentar la idea del autónomo. Hay que potenciar al emprendedor. Hay que ayudar a que se creen empresas. Y la mejor forma de hacerlo es dejarse de tanta milonga populista, y empezar a bajar los impuestos. Que si la gente defrauda no es porque la gente sea malvada, sino porque la carga impositiva en este país es elevadísima.

            Aquí, cuando más se trabaja, cuando más se busca un futuro mejor, más palos se reciben por parte de la administración, más impuestos te cobran y más bajo en la pirámide social se está. Mientras esto no cambie… Ni presente, Ni futuro… sólo la ruina total.

miércoles, 1 de junio de 2011

Opiniones y Decisiones

              Voy a contar una historia simple, ficticia, aunque bien mirado podría ser el “día a día” de cualquier persona. La historia empieza así:

              Eran las seis de la manaña de un lunes. El despertador comenzó a sonar y el señor X se levantó malumorado de la cama… como todos los lunes. Después de un rápido aseo y un aún más rápido desayuno se monta en el coche para ir a trabajar, saliendo muy temprano para así evitar el típico atasco mañanero, si bien nunca es lo suficientemente temprano, y lo menos necesita tres cuartos de hora en llegar a la oficina.

              Durante el trayecto, como todas las mañanas, logra alcanzar la iluminación persona a través de los gritos e insultos que profiere en el coche. Una especie de mantra personal en el que menciona a todos los familiares, vivos y muertos, del resto de los conductores. Un desahogo muy necesario a esas horas, pues cuando por fin aparca el coche, su alma ya está purificada y lista para afrontar el trabajo con mejor pie, además de servirle como sustituto fuerte a la cafeína pues gracias a ese mantra los últimos retazos del reino de Oneiros desaparecen de su mente.

              Al salir del coche, como todas las mañanas, se encuentra con una compañera de trabajo, la cual, al igual que él, también sale temprano para evitar atascos. A veces llega ella antes, a veces llega él,  pero ya se ha convertido en costumbre para ambos que el que primero llegue espere al otro antes de entrar a trabajar. Como es lunes, aún se toman su tiempo para charlar de lo que cada uno ha hecho el fin de semana y se fuman un cigarro tranquilamente a la puerta. Al terminarlo siguen charlando animados mientras entran en el edificio. Las puertas se abren y él la deja pasar primero mientras busca su identificación para enseñar al guarda. Se despiden (trabajan en alas diferentes) y quedan para la mañana del día siguiente.

              La mañana transcurre tranquila, pues aunque hay trabajo (siempre hay trabajo), los proyectos nuevos aún se encuentran en fase de discusión, de forma que nuestro protagonista puede permitirse el lujo de tomarse las cosas con calma, pues sabe que cuando le entreguen el nuevo proyecto, no tendrá ni un segundo libre hasta terminarlo. Así que aprovecha para adelantar trabajo, para hacer un poco de vida social en la oficina (algo que sólo puede permitirse en casos así) y disfrutar de un lunes tranquilo.

              Al mediodía sale a comer con el resto de los compañeros, pero esta vez, al ser más tranquilo el día, deciden no comer en el comedor de la empresa, sino acercarse a uno de los restaurantes de comida rápida que hay cerca. Unas porciones de pizza y unos refrescos. Puede que no sea una comida sana ni nutritiva, pero de vez en cuando apetece darse un capricho y, aunque la comida de la empresa no es mala, sí que se vuelve un poco repetitiva con el tiempo.

              Durante la comida se habla del partido del domingo (de cómo el árbitro les robó el segundo gol), de los problemas del mundo y de cómo lo arreglarían ellos en dos días, de lo guapa que estaba hoy la secretaria del jefe, de lo mal que le queda el peinado nuevo a la encargada de planta, y de lo mucho que falta aún para que puedan tomarse las vacaciones. Todas ellas conversaciones intranscendentes (salvo la del futbol, que encendió pasiones) cuyo único objetivo es liberar tensión y alegrar el ambiente.

              A la tarde otras tres horas de trabajo tranquilo hasta que se anuncia que los proyectos están listos y se repartirán mañana (hoy ya no da tiempo a empezarlos), por lo que el señor X decide que, en vista que los próximos días estará muy ocupado, hoy es un buen día para quedar con la novia y tener una cita tranquila… pues cuando se dan proyectos se sabe cuando se empiezan, pero nunca cuando se terminan.

              Recoge a la novia en su trabajo y se la lleva a cenar al restaurante preferido de ambos. Aún cuando las recomendaciones del chef tienen buena pinta, hoy prefieren disfrutar de un plato ya conocido y se deciden por un arroz con sepia para compartir entre ambos. La cena transcurre tranquila y alegre. Y deciden terminar la velada en casa, disfrutando de que aún llevan poco tiempo de noviazgo y por lo tanto aún hay pasión entre ellos, como demuestran efusivamente en el largo paseo que va desde el restaurante hasta la casa. Luego se duermen abrazados y el día termina.

              …

              Así termina una historia sencilla. Un día en la vida de una persona cualquiera. Nada raro… o al menos eso parece. Volved a leerla. ¿Habéis encontrado algo raro? Releedla una vez más ¿Seguís sin ver nada extraño?

              ¿A qué viene esto? Esto viene a que el viernes pasado se aprobó el anteproyecto de la ley de Igualdad de Trato y no Discriminación, la cual a partir de ahora se llamará “Ley Pajín”, en honor de la diseñadora. Según esta ley nos está prohibido pensar y actuar. Y punto. No hay más que decir. Y para demostrarlo he escrito esa breve historia que, en un principio, no tiene nada de “paranormal”. Pero según la “Ley Pajín” podemos analizarla como un compendio de las cosas que no se pueden hacer ni decir ni opinar ni tan siquiera pensar. Vamos a enumerarlas una a una:

1.   El señor X grita malhumorado en el coche, profiriendo insultos de toda índole al resto de los conductores. Ya podemos ver aquí un delito grave.
2.   El señor X deja pasar a su compañera de trabajo en la puerta. Otro delito grave.
3.   No come en el comedor de la empresa con el resto de los trabajadores. Otro delito grave.
4.   Durante la conversación se habló de futbol. Otro delito grave
5.   Durante la conversación se habló de mujeres. Otro delito grave
6.   Se elige una cena diferente a las recomendaciones del chef. Otro delito grave.
7.   Manifestaciones de afecto públicas. Otro delito grave.

              ¿Cómo es posible que en un día normal para cualquier persona se cometan tantas infracciones? ¿Cómo es posible que en lo que en un principio parecía un día inocente se hayan podido romper tantas leyes? Bueno… en realidad sólo se ha roto una ley, pero tan extensa y amplia que vale por varias. La Ley Pajín. Una ley que permite este tipo de tonterías. Donde cualquier persona ve un día normal, esa ley ve una infracción tras otra (es decir, mucho dinero para las arcas estatales, pues las multas no son pequeñas, precisamente… si por ir con un exceso de velocidad de 300 Km/h por una carretera de 50 se multa con 600 euros; por cualquiera de estas acciones mentadas antes, se podría multar con hasta 60.000 euros… o incluso más según la opinión del juez).

              La nueva Ley Pajín determina que la infracción por discriminación es cosa probada y cierta, y por lo tanto es el acusado el encargado de demostrar su inocencia, lo que significa que cualquiera puede denunciar por discriminación, que como es la otra parte la que ha de demostrar que es inocente (algo que, por otra parte, resulta casi imposible), al final casi siempre saldrá ganando.

              Como en el caso anterior, que si el portero ve que el Señor X deja pasar a la compañera de trabajo, puede formular denuncia por “acoso”, por “discriminación”, por “machismo”, etc., y será el Señor X el encargado de demostrar que si dejó el paso fue por pura educación (ahora bien, ¿cómo diablos se puede demostrar algo así?). Claro que de igual manera podrías denunciarlo por las mismas causas en el supuesto de que pasase él primero y la dejase a ella con la puerta en la mano.

              El resto de los compañeros de trabajo podrían denunciarlo por haberse marchado con otros amigos a comer fuera, y se sienten discriminados por él.

              Los habituales del bar donde comieron no gustan del futbol, y por lo tanto se sintieron discriminados cuando el Señor X y sus amigos comentaron el partido del día anterior.

              Al hablar de mujeres, la camarera del local rápidamente tomó nota y puso una denuncia por acoso y discriminación machista.

              En la cena el chef se siente insultado en su orgullo y por lo tanto discriminado, cuando los “tortolitos” se decantan por un plato diferente al que él les ha recomendado.

              Los solteros que paseaban por la noche se sienten discriminados y en plan “Forever Alone”, cuando ven a la parejita besarse en cada soportal.

              Aún cuando haya gente que me diga que me estoy pasando tres pueblos con estos ejemplos, aún cuando haya gente que me diga que esto es exagerar el propósito de la Ley… en realidad no he dicho nada que no se puede hacer al amparo de dicha ley. Podremos poner denuncias a diestro y siniestro, y sin necesidad de preocuparnos por las consecuencias. Y lo mismo pasará con nosotros, que nos denunciarán por todo, pues No Existe Conducta Que No Sea Discriminatoria Para Alguien.

              El ser humano vive de la discriminación. Vive de las diferencias. Las decisiones que tomamos todos los días implican necesariamente una discriminación, sea a personas (voy al cine a ver una película porque me gusta más su reparto que otra en la que no me caen bien sus actores), sea a objetos (escribo con bolígrafo en lugar que con pluma), sea a opciones (corto el césped hoy, o me tumbo a la bartola toda la tarde)… Según esta nueva Ley, por el mero hecho de decir: “Yo opino…”, independientemente de lo que vaya después, ya te pueden denunciar, pues una opinión implica necesariamente una discriminación. Por ejemplo si opino que el helado de chocolate es más rico que el de vainilla, ya estoy discriminando al de vainilla. Si opino que el creacionismo es una tontería, estoy discriminando a los que opinan de diferente forma.

              Por lo tanto, esta ley va en contra de la libertad de la gente a tener unas ideas diferentes. Esta ley va en contra de la mismísima realidad. Y la verdad es que me recuerda mucho a la escena de “La vida de Brian” donde Stan (la hermana Loreta) decide que quiere ser mujer y quiere tener hijos, y que está en su derecho a luchar contra los romanos por ello (a lo que los demás le dicen que es una lucha contra la realidad).

              Para que esta ley se cumpliese de forma normal y sin problemas sería necesario un nuevo mundo, donde no existiesen ni hombres ni mujeres, donde todo ser vivo fuese un clon, donde no existiese inteligencia y donde todos fuesen idénticos en todos los aspectos (tanto en apariencia como en pensamiento y obra). En cualquier otra situación, intentar regular legalmente el vivir de las personas es tan absurdo como sacar una ley que condenase al Sol por dar luz. Poder se puede, pero jamás se cumpliría, pues es imposible. Regular el pensamiento de las personas es lo mismo. Poder se puede, pero es imposible de cumplir. No podemos pensar de una forma determinada porque nos obliguen a ello. Pensamos lo que queremos. Opinamos lo que queremos. Actuamos como queremos. Podemos regular las actuaciones, nunca las opiniones o pensamientos. Pues la primera podremos evitarla (o castigarla si no la pillamos a tiempo); pero las otras dos son inherentes al ser humano y jamás se podrán reconducir según las opiniones de un tercero.

              Es más, esa misma ley me está discriminando a mí (y a cualquier otro que opine como yo), pues nuestra querida Leire Pajín opina distinto a nosotros, y por lo tanto nos discrimina por pensar diferente.

              Cada día que pasa entiendo menos a los políticos que nos gobiernan. Tanto dinero gastado en tonterías como estas, y aún tienen la cara de decir que lo hacen por nuestro bien. Aún tienen la cara de decir que es un dinero bien invertido. Aún tienen la cara de decir que hay que subir los impuestos para pagar todas estas tonterías. Y luego aún tendrán la cara de culparnos a los ciudadanos cuando este tipo de leyes no den ningún resultado real (salvo a nivel de las arcas estatales, pues con tanta multa se van a forrar; porque lo que es a nivel individuo, no hay ninguna situación en la que se pueda sacar nada positivo). 

viernes, 20 de mayo de 2011

Democracia ¿Real?

            Estos últimos días se están viviendo situaciones un tanto chocantes. Como por ejemplo el movimiento “Democracia Real, Ya”. Es curioso como todo puede ser fácilmente tergiversado en función de quién esté hablando. Lo que empezó como un movimiento de protesta hacia un sistema corrupto y manipulador, se ha transformado en un movimiento que busca perpetuar en el tiempo ese mismo sistema, cuando no ya cambiarlo por algo mucho peor. 

            Intentaré explicarme un poco mejor.

            La democracia una opción de gobierno en la cual a través de una elección popular se elige entre varias opciones para ver quién será el que mande en la sociedad que lo eligió durante un período de tiempo determinado (en nuestro caso, cuatro años). En teoría se asume la voluntad de la mayoría como opción válida, y durante ese tiempo se obvian las voluntades de las minorías (y digo obvian en lugar de una palabra más fea, por no ensuciar demasiado este blog). Ahora bien, este movimiento ha otorgado grandes “perlas” de sabiduría como la que sigue, por un tal @Erradicación a través de twitter: “Si Espe logra de nuevo la mayoría absoluta, contad conmigo para sacarla del gobierno A LA FUERZA; nunca en mi vida he hablado tan en serio”. Es decir, que para algunos “democracia” es aceptar la voluntad de la mayoría SIEMPRE que esa mayoría haga lo que YO les digo, pues en caso contrario se les obliga A LA FUERZA a aceptar lo que YO digo. Muy simple.

            Así también soy yo demócrata.

            Podrá caernos mejor o peor la Espe, podremos seguir su trayectoria con más o con menos interés. Podremos aceptar su ideología o bien podrá repatearnos la misma. Podremos opinar diferente o no. Pero lo que no podemos hacer es ser tan sumamente inmaduros y manipulables como para defender la democracia a través de la dictadura de la fuerza.

            Ahora bien, hay que reconocer que lo que tenemos en este país no es precisamente una democracia Real. Más bien al contrario, lo que nos gobierna es un sistema dictatorial encubierto, en el que los que estamos abajo da igual que sea la izquierda, da igual que sea la derecha, lo único que recibimos son palos por ambos (en realidad el mismo perro con distinto collar). Y que esto es una dictadura se acaba de demostrar, al haber sido declarada “ilegal” la manifestación. Una cosa es que caiga mal o bien. Una cosa es que guste más o menos. Pero de ahí a emplear el poder del “Estado” en beneficio de unos pocos eliminando libertades a los demás ya es pasarse. Es un claro ejemplo de dictadura. Después de todo lo que antiguamente se conocía como Jornada de Reflexión ya no existe. Desde la llegada de internet, de los teléfonos móviles y de los mensajes SMS, es absurdo pensar que la gente no “verá, oirá ni hablará” ese día. Además… tanto protestar por la circunstancia de que alguien diga algo en contra, pero bien que los carteles y panfletos seguirán colgados el día 21… y el 22… y posiblemente durante un par de meses después de las elecciones. Así que mejor no vengan dando clases de “democracia” aquellos que nunca han creído en ella (y desde luego nunca la han empleado).

            Ahora hagamos un ligero análisis de las propuestas del grupo. 

1.      El primer punto, llamado “Eliminación de los privilegios de la Casta Política”, totalmente a favor, e incluso diría que se quedan cortos.
2.      El segundo punto, llamado “Contra el Desempleo”, ahí ya no puedo estar a favor. Estas medidas que proponen en su segundo punto lo único que lograrán será aumentar aún más la tasa de desempleo. Hay que dar LIBERTAD y quitar opresión estatalista. Cuantas más medidas se hagan para fomentar algo, más difícil será ponerlo en práctica (y no es descabellado lo que digo, es más, con echar una mirada atrás en el tiempo y fijarnos en la historia, cuanto más se protegió algo, más fácil era saltarse a la torera las leyes y oprimir más).
3.      El tercer punto, llamado “Derecho a la vivienda”, es un claro ejemplo de aumento de intervencionismo estatal. Es darle aún más poder a quién nos ha estado oprimiendo. Es darle a aquellos que durante tanto tiempo nos han mangoneado la potestad de hacer lo que quieran. Cuando alguien se ha ganado algo con el sudor de su frente, que venga un tercero a quitárselo “por el bien común” es como decir que cuanto menos trabajes y menos te esfuerces más recompensa tendrás.
4.      El cuarto punto es el llamado “Servicios Públicos de Calidad”. Esto ya es una incongruencia, una contradicción de términos… si algo es público JAMÁS será de calidad. Y sólo hay que fijarse en la vida cotidiana para ver donde hay más calidad, si en el sector privado (cobran por dar calidad) o en el público (cobran por respirar… la calidad es algo “sobrevalorado” para ellos). Y no me valen las encuestas, los estudios y los análisis que digan que la Sanidad Española (por poner el ejemplo más famoso) es la “más mejor” del “mundo mundial”… que cada persona piense en lo que le ha significado la Sanidad Española a ellos individualmente, y luego hablamos.
5.      El quinto punto es el llamado “Control de las Entidades Bancarias”… este punto dará mucho que hablar, pero voy a dar mi visión del asunto. La banca es un ente privado y como tal debería ser tratado, es decir, que acepto el primer epígrafe (nada de rescates, si la cagan, que asuman las consecuencias), pero el resto ya es meterse en harina de otro costal. Es darle más poder (aún) al Estado para que siga haciendo lo que quiera. Cuanto más poder tenga el Estado, más poder tendrán sus “amigos” (y la banca es uno de sus amigos… uno de los “más mejores” amigos del Estado). Para evitar que la Banca tenga más poder, lo que hay que hacer es evitar que el Estado tenga más poder. Si un banco quiere meter dinero en paraísos fiscales, es porque en el país en el que tiene el dinero están los impuestos muy altos… bajemos los impuestos y el banco no meterá dinero allí, por lo tanto el segundo epígrafe es un aliciente al cuatro: subir impuestos implica que el banco se irá del país a un paraíso fiscal… sencillamente, ¡qué gran idea! Si el banco especula y “gana”, bien que todos los interesados se quedan callados y no protestan, pero si pierde… entonces ya saltan los de siempre diciendo que hay que regular. Si el Estado no se mete, si no hay rescates… los bancos se quedarán muy quietos y se lo pensarán muy mucho antes de “especular”, pues cuando lo hagan, deberán aceptar las consecuencias (buenas o malas). Por lo tanto para evitar esto, eliminemos el poder del Estado, en lugar de aumentárselo.
6.      Sexto punto, “Fiscalidad”… aumentar impuestos… aumentar el robo y la extorsión del Estado… si ya nos cuesta malvivir ahora que “papacito Estado” se queda con la mitad de lo que ganamos, ¿qué haremos cuando se quede con todo? ¿Para qué trabajar? Si es que parece ser que quienes han hecho estas propuestas no las han pensado demasiado. Porque, aunque la gente piense que se le subirán los impuestos a las rentas más altas, la realidad es (siempre ha sido así y siempre será así), que las rentas más altas nunca son afectadas por estas medidas (se largan del país y tan felices) y al final quién tiene que asumir el coste de esas subidas de impuestos somos los de abajo, los de siempre, los que mantenemos con nuestro trabajo a todos estos parásitos sociales. Así que cuando un gobierno habla de subir impuestos me cabreo, pero lo asumo (es lo de siempre)… cuando lo dice el ciudadano, entonces pienso que algo falla pues la gente no puede ser tan ingenua de pensar que a ellos no les va a tocar.
7.      Séptimo punto, “Libertades Ciudadanas y Democracia Participativa”… aquí no me meto, pues me parece un gran punto, aunque escaso, ya que la libertad ciudadana debería ser el tema principal, y no un mero apunte relegado al séptimo lugar. Además, es incompatible con el resto de los puntos… aumentamos el poder del Estado y ¿queremos aumentar la libertad del ciudadano? Es absurdo. Si realmente queremos aumentar la libertad, lo primero que hay que hacer es disminuir la autoridad del Estado, disminuir su poder y reducir al mínimo indispensable sus opciones de Control, Robo, Extorsión y Manipulación que tiene ahora. Con los puntos anteriores se busca aumentar todo eso… explicadme como entonces se aumentará la libertad del ciudadano.
8.      Octavo punto, “Reducción del Gasto Militar”… totalmente a favor.

            Desde aquí quiero dar a conocer otro movimiento, más liberal, más realista. El movimiento Libertad Real ¡Ya!, que el partido político P-Lib (Partido de la Libertad Individual) ha creado para dar a conocer otras propuestas más liberales que aumentan la libertad del ciudadano de forma real, al tiempo que limitan el poder opresor del Estado. Aquí podréis leer dichas propuestas.

            El próximo 22 de mayo se celebran unas elecciones y da igual lo que hagamos saldrán los de siempre… ese es el poder que tiene ahora mismo el Estado. Si aumentamos su poder, no cambiaremos nada. Lo que hay que hacer es seguir luchando por la libertad. Luchar por quitarnos de encima el miedo a “papacito Estado”. Luchar por eliminar esta corrupta Casta que nos mangonea. Luchar por los derechos del individuo. Y poco a poco seguir sumando gente a la lucha, hasta que ya no puedan hacer nada cuando sea la sociedad entera la que exija el cambio.

martes, 3 de mayo de 2011

Imposición Moral

            Empecemos el post de hoy con una definición académica de lo que significa la palabra moral


moral1.
(Del lat. morālis).
1. adj. Perteneciente o relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia.
2. adj. Que no pertenece al campo de los sentidos, por ser de la apreciación del entendimiento o de la conciencia. Prueba, certidumbre moral
3. adj. Que no concierne al orden jurídico, sino al fuero interno o al respeto humano. Aunque el pago no era exigible, tenía obligación moral de hacerlo
4. f. Ciencia que trata del bien en general, y de las acciones humanas en orden a su bondad o malicia.
5. f. Conjunto de facultades del espíritu, por contraposición a físico.
6. f. Ánimos, arrestos.
7. f. Estado de ánimo, individual o colectivo.
8. f. En relación a las tropas, o en el deporte, espíritu, o confianza en la victoria.



Obviando las acepciones cuarta a octava, por ser relativas al estado de ánimo, y centrándonos sólo en las primeras, podemos ver un factor común en todas ellas. La moral viene a ser una forma de ver el mundo y de comportarse en consonancia

            Ahora bien, cada persona es un mundo en sí misma, y por lo tanto tiene una moral individual que no tiene por qué coincidir con la de los demás. De ahí el título de esta entrada, la imposición de esa moral. 

            Cuando hablamos de moral, se suele entender que nos referimos a la conducta ética ampliamente aceptaba por el conjunto de la sociedad. Son una serie de valores autoimpuestos por la sociedad en sus miembros que les permiten vivir como individuos pertenecientes a un conjunto mayor de personas. Así tenemos las distintas sociedades actuales en las cuales los miembros (al menos la mayoría de ellos, pues siempre hay excepciones) saben cómo comportarse de forma que podríamos calificar como “innata”, pues si bien no es algo con lo que nazcamos, sí es algo que aprendemos desde el mismo momento del nacimiento, de forma que lo interiorizamos de forma inconsciente.

            Todos sabemos que matar está mal. Todos sabemos que la tortura es algo malo. No porque existan leyes en su contra, sino porque la sociedad nos ha educado así. Gracias a estas conductas morales podemos vivir en sociedad, podemos coexistir con el resto de los individuos.

            Pero en el planeta Tierra no existe una única sociedad, sino gran cantidad de ellas. A medida que vamos reduciendo el ámbito de actuación podemos ver que incluso dentro de una misma sociedad hay un gran subconjunto de ellas. Así podemos decir que a día de hoy hay tres grandes (hay más que no pertenecen a estas, pero son minoritarias) sociedades en el planeta: la occidental, la musulmana y la oriental. Y cada una de ellas se divide en otras sociedades más pequeñas, por ejemplo podemos definir las distintas sociedades por países, por religiones, por ámbitos, etc. Incluso dentro de una misma sociedad religiosa nos encontramos con sub-sociedades que en algunos casos son francamente irreconciliables entre sí, aún cuando todas vengan a definir los mismos valores. Así por ejemplo el cristianismo se divide en protestantes, católicos y ortodoxos.

            A medida que vamos disminuyendo el ámbito en que nos movemos, nos damos cuenta de que al final todo se centra en las relaciones individuales. Al final es el propio individuo el que define su propia moral. Hay una serie de principios muy básicos que le permiten vivir en sociedad, pero luego existen otros principios más complejos que lo diferencian del resto de los individuos. 

            De forma habitual, ese individuo es feliz con su individualismo. Acepta su moral como válida y verdadera, pero también acepta la de los demás como asimibles, podrá compartirlas más o menos, pero no por ello va a imponer la suya como única moral posible. Podríamos definir este tipo de comportamientos como el “Vive y deja vivir”. Pero siempre hay excepciones. Siempre hay algún individuo que no sólo no acepta la moral de los demás, sino que trata de imponer la suya propia por encima de la de los demás, ya que considera que la suya es la única válida, la suya es la “más mejor”. Este tipo de personas es muy minoritaria, pero muy importante. Pues aún cuando se trate de un porcentaje de un uno por millón, esa persona siempre será capaz de unir a otras personas con las que comparta su visión y comience la imposición. 

            Todas las religiones empezaron así. Alguien que “conoce la verdad” se dedica a imponer dicha verdad a los demás (tanto si lo quieren como si no), en ocasiones a través de la promesa de castigos eternos después de la muerte, y en otros demostrando que lo que pueda existir después de la muerte no es nada comparado con lo que existe antes de la muerte (o sino que se lo pregunten a todos los “interrogados” de la Inquisición Católica, o a las "brujas" de Salem, o a los judíos durante el Holocausto).

            A día de hoy tenemos una religión en el mundo que aún busca este tipo de imposición moral. El resto ya están más o menos controladas por los propios individuos que las forman, pues las mayorías impiden a los exaltados minoritarios que se dediquen a volver a los “viejos buenos tiempos” (que aún quedan algunos… más de los que nos gustarían). Esa religión es la musulmana. Puede que muchos musulmanes tengan en mente el “vive y deja vivir” propio de una conducta aceptable en sociedad, pero aún hay demasiados que aún creen que su moral, su visión del mundo, es la única válida y al resto hay que matarlos (más o menos lo que viene a decir el Corán sobre lo que hay que hacer con los infieles, es decir, con todo aquel que no sea musulmán).

            También tenemos una sociedad que hace lo mismo. Los USA imponen el “estilo de vida americano” en el mundo, como si esa visión del mundo fuese la única aceptable. Como si todo lo que no fuese “américa” (y sí, la pongo en minúsculas pues no es América continente, sino américa “idea de los USA”) fuese una escoria a la que hay que aplastar o conquistar ideológicamente o militarmente (sobre todo si tienen petróleo, los demás no importan), con la escusa de “imponer la democracia y los valores americanos”.  

            Aquí es donde hay que diferenciar entre la defensa y el ataque. La defensa es cuando, ante un ataque contrario (siempre tiene que haber un ataque de la otra parte primero, o bien una posibilidad de ataque del 100%, como si al ir por la calle un ladrón nos amenaza con un cuchillo, no hay ataque real, pero la posibilidad es del 100% si no accedemos a sus demandas, luego ahí la defensa está justificada), una persona (o sociedad) pone toda la carne en el asador para eliminar dicho ataque. El ataque es todo lo demás.

            ¿A qué viene todo esto? Este tostón que he soltado hoy viene de unas cuantas noticias que han salido en prensa últimamente. Por un lado la noticia de que en Francia ahora es ilegal llevar Burka. Podemos analizar esta noticia desde los dos puntos de vista posibles. Por un lado de imposición moral de unos sobre otros, en este caso la sociedad francesa mayoritaria (se supone, en realidad a la mayoría de los franceses les daba igual como vistieran las mujeres… bueno no… siendo franceses, seguro que prefieren que todas vayan en lencería fina, pero bueno) no gusta de ver esos calcetines gigantes de cuerpo entero y por lo tanto impone esa visión sobre esa minoría. Por otro lado el ataque a una forma de vida que no hace daño (físico, que psíquico es otro cantar… aunque también se podría hablar de daño físico, pues a 40 grados por la calle ir con uno de esos no debe ser demasiado agradable, pero sigue siendo decisión personal, y por lo tanto no deberíamos meternos en ello) a nadie. ¿Cuál es la correcta? Si lo analizamos desde el punto de vista “liberal individualista”, la respuesta es obvia: “la libertad de uno termina donde empieza la libertad del otro”. Si lo analizamos desde el punto de vista de la “sociedad como conjunto”, la respuesta es más bien del estilo: “En mi casa se hace lo que yo digo” (el burka está prohibido en las zonas públicas, es decir, en las zonas que “pertenecen” a la sociedad en su conjunto; luego cada cual en su casa que haga lo que quiera). Y ambos tienen razón, cada cual desde su punto de vista.

            Pero ¿y si la noticia es más bien esta? Osama bin Laden ha muerto. Lo han asesinado en su casa (una pequeña mansión de varios millones de euros… no se vive mal siendo terrorista) en Pakistán. Así tenemos que los EEUU han mandado un grupo de soldados a buscarlo, asaltaron la casa, le pegaron dos tiros en la cara y tiraron el cuerpo al mar (al menos eso dicen los noticiarios, además de mostrar fotos claramente retocadas).

            Si analizamos esto en profundidad nos asaltan un par de dudas existenciales (al margen de las típicas teorías conspiranoicas, sobre si en realidad ha muerto, sobre si lo sabían ya desde hace mucho y no han soltado la noticia hasta ahora porque necesitaban el “golpe mediático”, etc.). En primer lugar Bin Laden era un asesino, un terrorista, un criminal, un genocida y “mal bicho” en general. Por ello se monta una búsqueda que dura diez años y termina en la muerte del susodicho. En segundo lugar EEUU sólo se estaba defendiendo, no atacando, y gozan de la superioridad moral que les da ser un régimen democrático electo y demás tonterías. También podemos dar la vuelta a la tortilla y decir lo siguiente: Los USA son unos asesinos, criminales, terroristas, genocidad y “mal bicho” en general (no he mentido en ningún caso, por desgracia). Bin Laden sólo estaba defendiendo sus creencias de los ataques que había sufrido su pueblo por parte de los USA (por desgracia tampoco estoy mintiendo) y tiene la superioridad moral que le da el haber sido elegido por Alá.

            Al margen de las creencias de cada uno, lo que sí es objetivo, es que USA fue ATACADO el 11 de septiembre, y por lo tanto está en su obligación el defenderse. Pero también es objetivo decir que Bin Laden fue ATACADO este domingo pasado. Las tropas estadounidenses entraron en un país sin su consentimiento (creo que en el idioma internacional a eso se le suele llamar “invasión”… pero parece ser que si lo hacen los yanquis no pasa nada), allanaron una morada privada, asesinaron a 4 personas (una de ellas una mujer que fue usada, según palabras del propio comando, como escudo humano por uno de los hijos de Laden, pero que a los comandos no les importó matarla para matar también al de detrás) y se marcharon tan felices. Y por lo tanto (para desgracia de los que preferimos el “vive y deja vivir”) ahora están legitimados sus “herederos ideológicos” a defenderse. Se ha creado un nuevo mártir, se ha echado leña al fuego de su causa. Y en breve veremos cómo vuelven a aparecer atentados terroristas de gran calado.

            Al final lo único que queda es que desde el mismo momento en que una persona (cualquier persona) se cree en posesión de una verdad moral superior a la de los demás, y empieza con la adoctrinación e imposición de dicha moral a los demás… ese es el momento en que ha comenzado un “ataque” real, y el individuo debería “defenderse” en serio. Desde el mismo momento en que una persona se cree superior a los demás, desde el momento en que la sociedad debe mirar “hacia arriba” para verlo, desde el momento en que sólo se dan dos soluciones: “aceptación” o “muerte”… ese momento marca el fin de la moral real y la desaparición paulatina de la libertad del individuo, frente a la voluntad de la masa idiotizada por la “Verdad Suprema” de unos pocos.