sábado, 3 de marzo de 2012

Matrimonio aciago




Actualmente asistimos en el continente americano al prototipo cutre de matrimonio político del siglo XXI. Me refiero a la unión conyugal entre los despojos del marxismo latinoamericano y el islamismo intolerante; cuyo odio a la cultura occidental, basada en la Libertad y el respeto a la integridad física de los ciudadanos, es superior al amor mutuo que profesan. Me refiero a ese característico y perverso amor de “plastilina”  como el que experimentaron Stalin y Hitler antes de aniquilarse de forma recíproca.

Ese fatídico matrimonio lo encarnan el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadineyad y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Lo que no estoy seguro es quién desempeña el papel de fémina ansiosa de que su maridito le satisfaga. Estimo que de cara al futuro, Hugo Chávez deberá acostumbrarse a llevar chador si quiere dar ejemplo de sumisión entre las mujeres venezolanas.

Ambos tiranos tienen algo en común. Los dos son líderes hediondos desdeñados tanto en sus países como fuera. Ambos malgobiernan naciones muy ricas en petróleo, sin embargo en esas naciones los ciudadanos súbditos se ahogan en la miseria y en el miedo que infunde un Estado todopoderoso y opresivo.

Mahmoud Ahmadineyad se va preparando paulatinamente su antiestético harén. Un serrallo que lo integrarán los sátrapas de centro y Suramérica que tan orgullosos están de su fracasado  y rancio socialismo que huele a naftalina. Es curioso contemplar a esos dictadorzuelos  quejarse permanentemente del imperialismo USA, basado en la sociedad abierta y democrática mientras se abren de piernas, sin dudarlo, ante el nuevo imperialismo teocrático de corte chiita. Un imperialismo siniestro cuya pretensión es hacer retroceder a la humanidad a la edad media, pero con bomba atómica.

A continuación os presento un artículo de mi amigo Guillermo, publicado en el Diario de América, que hará reflexionar a muchos venezolanos sobre su pasado y su futuro.

Dicen que retractarse es de sabios. He aquí el texto:

           
Quienes votamos en un primer momento a Hugo Chávez para presidente de Venezuela debemos reconocer que cometimos un terrible error, y tenemos la obligación cívica y moral de enmendarlo. ¿Cómo? Sin duda, contribuyendo a sacarlo electoralmente del poder en las próximas elecciones presidenciales.

Cuando se pensaba que el militar golpista se había enmendado y estaba decidido a gobernar democráticamente, él ya tenía un plan siniestro para perpetuarse en la presidencia y convertir Venezuela en una nación comunista, en componenda antipatriótica con el fracasado gobierno comunista cubano.

Todos los que votamos equivocadamente por Hugo Chávez deberíamos tenerlo claro. A quien aún no lo tenga le sugiero que analice y recapacite sobre la desastrosa situación nacional, después de 13 años de gobierno errático. Tarde o temprano, el barco encallará.

El venezolano que se considere en una posición confortable porque el gobierno le ayuda a subsistir con ayudas o dádivas, que no se crea que esa humanamente legítima pero equivocada razón es suficiente para seguir apoyando a Chávez, posibilitando que éste siga destruyendo el país. Tampoco hay justificación para que la gran mayoría sigamos viviendo en la pobreza, con penurias, miserias y sin esperanza de un futuro promisorio, por más bueno y generoso que sea el gobierno con un grupo minoritario que le es incondicional.

Pienso que ya llegó la hora de entonar el mea culpa y enmendar el craso y terrible error que cometimos al dar nuestra confianza a Chávez. Los que no lo votaron por tenerlo perfectamente definido y clasificado como un aventurero golpista irrecuperable para la democracia tenían la razón, estaban en lo cierto.

Aunque algunos piensen que es muy tarde para rectificar y enmendar tal equivocación, sobre la cual personalmente recapacité triste y duramente en el año 2000, a poco tiempo de haberse iniciado el gobierno en sus funciones, pienso que nunca es demasiado tarde.

Si algún ni-ni lee este escrito, le pido por favor que medite y piense responsable y prioritariamente en Venezuela. Existe suficiente información y evidencias contundentes del desastre económico actual; datos que nos indican que, si no desalojamos al chavismo del poder en las elecciones de este año, en 2013 lloraremos más sangre de la que ya hemos derramado.

No importa cuán bien te esté yendo económicamente en el plano personal, familiar o grupal. Nuestra decisión es tan importante y trascendental, que no debería existir interés económico personal o grupal alguno que estimule a apoyar un gobierno que está destruyendo nuestro futuro, el de nuestros hijos, nietos y bisnietos, pues no habrá patria ni dinero suficiente que compense tan magna tragedia.

Afortunadamente, la disidencia al chavismo va creciendo rápidamente, lo que nos hace ser optimistas respecto a una pronta y positiva solución. No obstante, no debemos confiarnos ni ser triunfalistas, sobre todo si tenemos en cuenta la capacidad de maniobrar que tiene este gobierno gracias al uso ilícito de los recursos económicos de todos. Es imprescindible que el triunfo electoral sea arrollador e incuestionable.

El mal ejemplo de Argentina, donde el populismo peronista sigue cosechando dividendos cuarenta años después de la muerte de Juan Domingo Perón, nos debe alertar sobre la manera en que se comportan estos gobiernos populistas, demagogos y corruptos, para los cuales no existen el pundonor ni la decencia, sino las ansias de poder y el enriquecimiento a costa de la nación.

Hoy te escribo con el corazón en la mano, con la conciencia y las ideas bien claras, con inquebrantable fe en la Patria, para que reflexiones. No se trata de seguir disfrutando de los favores del gobierno, sino de una causa que va mucho más allá de ese confort del que hoy disfrutas. Se trata de salvar a la Nación, que se encuentra en peligro.

Se trata de salvar a Venezuela de las garras del totalitarismo, de la inmensa corrupción que hoy nos invade, de la ineficiencia evidente en todas las áreas de la administración pública, de las amistades e influencias oscuras y enfermizas del presidente. Se trata de la inminente desaparición de la democracia si no hacemos algo para evitarlo. Se trata de dejar de vivir entre el odio de una lucha ideológica fratricida y sin sentido. Se trata de acabar con el estancamiento y el aislamiento económicos. Se trata de salvar a Venezuela de la degradación.

Si te has dado cuenta, hermano chavista, a Hugo Chávez se le acabaron las ofertas electorales para una Venezuela mejor. Sus proyectos incumplidos, sobre los cuales alardeó por años, quedaron en meras ideas. Los programas sociales se limitan a paliar el hambre de un grupo de venezolanos. Las misiones, orgullo de su gobierno, son en realidad un verdadero obstáculo para el desarrollo de programas sociales verdaderos que beneficien a todos los venezolanos. Sus ofertas de viviendas dignas colapsaron, y por más empeño que ponga en reactivarlas jamás podrá hacerlo, debido a su inviabilidad. Los servicios públicos –agua potable, aguas servidas, electricidad, salud, educación, etc.– están también en una situación dramática, y no hay esperanzas realistas de que la situación mejore con este gobierno.

Estoy convencido de que es esencial cambiar este gobierno por otro verdaderamente democrático, más responsable, moderno y eficiente. ¿A qué esperas tú para contribuir a ello?


Mi amigo Guillermo, como buen ingeniero que es, sabe que 2 más 2 no son 5, y mucho menos 9 como nos quiere hacer creer Hugo Chávez y Mahmoud Ahmadineyad, incluso amenazando con bomba nuclear.

Los ingenieros titulados, en su mayoría, son gente calculadora, racionales y que conservan el sentido común. Si no fuera así los puentes y presas que construyen, tan necesarios para el progreso y bienestar de los pueblos, se derrumbarían. Los ingenieros titulados como mi amigo Guillermo son todo lo contrario a los ingenieros de mentes, cuyos prototipos son los tiranos Hugo Chávez y Mahmoud Ahmadineyad.












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