viernes, 25 de febrero de 2011

Liberalismo en la vida cotidiana

Tras una "discusión" con una ciberamiga en Facebook, en la que debatimos teóricamente si el liberalismo es o no compatible con el cristianismo y en la que niego rotundamente que el liberalismo haya sido el culpable, como afirma esta ciberamiga, de la generación de ideologías como el comunismo o el nazismo o la socialdemocracia (niego la mayor: nacen en defensa de los intereses de las clases dominantes, instaladas en aparatos estatales, contra una ideología que si el pueblo la conociera y la defendiera desaparecerían como casta). Pues lo dicho tras esa interesante conversación, pienso qué es el liberalismo para mí en mi día a día. Por supuesto no voy a entrar ahora en discutir si es o no compatible con el cristianismo: lo considero compatible ciento por ciento: podemos acudir a Ortega aquí. Será otro día.

La libertad individual es lo más hermoso y lo que más necesito en mi vida diaria. Capacidad de decidir por mí mismo, ser responsable de mis decisiones, y aprender de cada error que cometa, para poder decidir la próxima vez con más acierto, etc. Y lo más curioso y está descubierto desde hace siglos, es que esas decisiones hacen que el conjunto progrese, que mejoren sus condiciones, no sólo económicas. Pero qué sucede día a día, qué podemos decidir en nuestro día a día. Quiero ir a comprar ropa un domingo cualquiera... no podemos... los centros comerciales están cerrados; quiero acelerar mi coche nuevo... no puedo nos imponen límites de velocidad (tema muy actual, dicho sea de paso); quiero elegir el colegio de mis hijas: no puedo me lo imponen; quiero elegir qué educación darles: no puedo vienen "prediseñadas" (hay que hacer un formateo continuo para poder lograrlo), pues decido entonces educarlas yo: ilegal; quiero disponer de mi renta: no puedo, me la limitan, sustraen parte a impuestos y otras a seguros sociales que no utilizo; quiero disponer de un seguro médico privado: puedo, pero a costa de pagar dos; quiero un colegio privado para mis hijas: puedo pero a costa de pagar dos (y no quiero hacer incapié en el área económica, que no es el que más me puede interesar, aunque lo considere de lo más importante), etc.

Los Gobiernos se han convertido en dueños de nuestras vidas. En todos los ámbito dónde camino encuentro limitaciones, leyes, reglamentos y prohibiciones, mandatos y reglas: qué puedo y qué debo hacer y qué no. Y lo peor de todo es que no se ha hecho al estilo dictatorial, sino encubierto bajo la máscara de la Democracia. La mayoría acepta estos límites, ¿por protección, por miedo? lo acepta. Yo no quiero aceptarlos. Y mi idea no es basarme en un liberalismo extremista en que no existan reglas. Deben existir reglas, pero no debe existir una regla para cada acción que hago en mi vida. Tenemos que ponernos límites para una sana convivencia, pero no un amasijo de reglamentos ( y una burocracia detrás) que ahogue nuestro más preciado regalo: nuestra libertad.

Pongo el ejemplo de la intención de limitación de la velocidad, por ser tan actual. No se limita la posibilidad de fabricar coches que corran más allá de los doscientos kilómetros por hora, pero sí que en carreteras con posibilidades para llevar el coche a ciento cuarenta, éste lo haga. Sin entrar en el fondo de la medida, que por supuesto no es otra que recaudatoria, limita mi decisión individual de poder poner el coche a la velocidad que estime pertinente bajo mi responsabilidad. El papá estado nos dice qué es bueno para nosotros y nuestros conciudadanos, y qué actitudes hemos de tomar para no hacernos daño a nosotros o a los demás. Si me dicen aquí que puedo  hacerle daño a un tercero. Les digo: y por qué debo de abrocharme el cinturón, o por que no puedo hablar por el móvil pero sí ir comiéndome un bocata.

Son reglamentaciones que no sólo sirven como fin recaudatorio, sino que limitan gravemente nuestra libertad individual y diaria.

La normativa es tan extensa que sería necesario contar con un gabinete jurídico a nuestro lado para no cumplir con la misma. A nivel individual, como persona física que pasea. No hablo ni entro en las empresas, que por definición la tienen que tener, porque es imposible dar un paso sin que estés incumpliendo involuntariamente alguna norma: estatal, autonómica, provincial, municipal, o de cualquier organismo que se le haya dado potestad para legislar (y mejor no hablo de los convenios colectivos). Hablo exclusivamente de como seres humanos: están regulados por dónde circular en bicicleta o por dónde ir por el campo a pasear... está regulado por supuesto el tabaco... Miren ustedes: déjenme en paz.. dejen de regular... pero la culpa en definitiva la tiene el pueblo soberano que elije este tipo de sistema paternalista y sobreprotector antes que la responsabilidad que implica la libertad, y la casta política que gobierna o tiene posibilidades de hacerlo, que no cambiará ni un ápice.

Encima, tenemos que aguantar en cada crisis económica ( insistiré hasta la extenuación que antes  es institucional) que todo ese entramado crezca y crezca, argumentando que ha sido el mercado el que la ha provocado, cuando es justamente lo contrario: fueron las normativas las culpables. Engañan al pueblo, y aprovechas una nueva ola para ganar más poder, regular más, aumentar burocracia y lo peor de todo, y como consecuencia, limitar mi libertad y la suya.

Aclaración hecha hace tiempo y reitero tras tanto tiempo sin pasar por aquí. El nombre del blog fue elegido antes de que un partido político eligiese ese nombre para su campaña. No antes de que otro lo escogiera, de infausto recuerdo. Repetiré una y mil veces que "por el cambio" no es por el cambio de un partido por otro, aunque ahora sea vital, sino de un cambio de calado institucional sin el cual será imposible salir de esta crisis, y sin la cual yo no me sentiré libre más que en mi mente.

http://mairenadelalcorporelcambio.blogspot.com/

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