martes, 15 de febrero de 2011

Suma y Sigue...

              Leo en la prensa de ayer que Mariano Rajoy dice que cuando llegue a la presidencia del gobierno no sólo va a mantener el Catálogo Gallego por todos los medios posibles (incluyendo, asumo, el no hacer caso de lo que diga el Tribunal Constitucional, que está pendiente… para que luego hablen del Estatuto Catalán), sino que además va a instaurarlo en el resto de las autonomías.

              Al margen de mi opinión personal sobre el tema (de sobra conocida por todos) esto es exactamente lo mismo que ha hecho Feijoo en Galicia. Impone algo que no tiene competencia para hacer. Pues Rajoy impondrá algo que no tendrá competencia para hacer.

              Ya lo he comentado otras veces. En un Estado Central, el que “manda, ordena y hace saber” es uno, y tiene autoridad para ello. En un Estado Federal, cada región tendrá a su propio mandatario y no podrá inmiscuirse en las políticas de los demás. En un Estado como el español, nadie sabe a qué atenerse.

              La Sanidad Española hace aguas por todos lados. Y nos venden ese hecho como que es culpa de las farmacias y de los enfermos. Pero al mismo tiempo nos venden el hecho de que la Sanidad Española es la “más mejor” del “mundo mundial”… Si lo analizamos en frío nos damos cuenta de la inteligencia que demuestran los políticos en este tema. Tenemos la mejor sanidad del mundo, y así seguirá siendo siempre que la gente no se ponga enferma y las farmacias no cobren.

              Apaga y vámonos…

              Así hasta yo monto una empresa fantástica de lo que sea. Sólo tengo que decir que es la mejor empresa del mundo (da igual de lo que sea), o lo sería si tuviera clientes y me pagasen. O también que es la mejor empresa del mundo, o lo sería si los clientes no me exigiesen nada a cambio de su dinero (en realidad mejor sería que no me “pudiesen” exigir nada). Aunque la verdad es que veo que la idea no va a funcionar… ya existe… se llama “papacito Estado”. Un ente superior que hace lo que quiere sin rendirle cuentas a nadie, que exige unos pagos a sus “clientes”, pero sin darles nada a cambio… y aún encima usa a esos mismos “clientes” como chivos expiatorios para todos los errores que pueda haber cometido (y que cometerá en el futuro).

              Aquí dejo un gráfico que me encantó. Es una imagen que muestra en qué se gasta nuestro dinero (y sí, es nuestro pues los ciudadanos somos los que lo hemos pagado). Id pasando el cursor por los distintos circulitos y veréis en qué se gasta “papacito Estado” nuestros ahorros. Seguro que pensabais que la “Más Mejor Sanidad del Mundo Mundial” costaría más dinero, ¿verdad? Y luego resulta que es una de las partidas que menos euros recibe. La mitad que el gasto en el Defensa… el doble que Educación… pero también diez veces menos que el gasto en “Asuntos Económicos”… y suma y sigue.

              Con esto ya tenemos una idea clara de lo que significa la manipulación política. Dicen que las cosas van mal… que lo que ellos hacen siempre es lo mejor de lo mejor… pero que falta dinero. Y luego usan del presupuesto general una miseria… así ya tienen la escusa perfecta para cobrar más por otras causas (eso sí, lo que cobren lo usarán en otras partidas… no sea que se acabe el chollo).

              El Catálogo Gallego es un absurdo político, farmacéutico y médico. La razón que esgrimió el gobierno autonómico para ponerlo en práctica fue el ahorro. Un ahorro “sesgado” ya que lo que se ganó por un lado, se perdió por otro (y mucho más de lo que se gana). Ese ahorro es falso en otro sentido. Resulta que todos los años los medicamentos tienen que bajar de precio por ley. Normalmente era el uno de mayo (una bajada anual). El año pasado hubo tres bajadas y este año se prevén otras tantas.  Es más, la primera bajada será en unos días, el uno de marzo concretamente. Resulta que en esa bajada los medicamentos que el gobierno gallego catalogó como muy caros y por lo tanto excluidos del Catálogo, pasan a estar ya entre los más baratos de todos… pero eso no significa nada para el gobierno gallego, ya que si fueron excluidos, ahora, aún cuando son igual o incluso más baratos que los incluidos, seguirán sin ser financiados, y eso demuestra que el ahorro no les importa lo más mínimo… sólo buscan medidas populistas que “vender” y así ganar votos.

              Este Catálogo también trajo consigo una serie de cosillas más, al margen de la visión económica, que ahora paso a relatar:

1.        Los enfermos perdieron la estabilidad que les otorgaba su medicación habitual. En el caso de pacientes con enfermedades agudas, el cambio de un medicamento por otro era de una importancia muy subjetiva, y casi inapreciable; pero en el caso de los enfermos crónicos (la mayoría), el cambio de un medicamento por otro puede ser muy grave o ser inocuo, pero eso lo determina un médico, no un político. Y si en lugar de ser un medicamento, son varios… la gravedad se multiplica.
2.        Los enfermos se quedaron en muchos casos sin poder seguir una medicación estable, y no por el cambio, sino por los problemas de desabastecimiento que ocasionó la medida (aunque el gobierno se haya dedicado en cuerpo y alma a asegurar que no hay problemas y todo va como la seda). Ahora mismo yo, por poner un ejemplo, llevo más de 5 días sin poder abastecerme de Pantoprazol 20mg, pues las marcas que lo fabrican (y que entran en el Catálogo) no dan abasto con ello y ahora mismo los distribuidores no tienen en stock nada. El lercanidipino estuvo en faltas en enero durante 15 días, hasta que la casa que lo fabrica pudo por fin aumentar su producción. Y como estos dos muchos más.
3.        Las farmacias se están viendo con el agua al cuello en muchos casos pues así como a ellas se les exige un cumplimiento exacto en los pagos, su cliente (por obligación legal) demora los pagos a su antojo (y que no se nos ocurra reclamar, qué aún nos caerán más palos), con los consiguientes desajustes contables (e intereses en préstamos añadidos). Además de encontrarse con stock de medicamentos en el almacén que ahí se quedarán hasta que caduquen.
4.        Los médicos se encuentran también con grandes problemas en las prescripciones, pues el IANUS (la base de datos de medicamentos del SERGAS) se ha modificado para adecuarse al catálogo con un código de colores muy confuso, pues mezclan las prohibiciones del catálogo (rojo) con los “stop” (también en rojo… estos últimos son aquellos medicamentos que por algún motivo recomiendan precaución y control en su dispensación, pero no han sido excluidos del catálogo). Así como también tienen problemas para poder prescribir medicación a aquellos pacientes complejos que necesitan un cuidado especial, ya que muchas veces el cambio de medicamentos puede ocasionar más mal que bien, y hay muchos medicamentos muy complejos que han sido retirados del catálogo.

              Voy a poner un caso, que algunos dirán innecesario, otros dirán exagerado y otros dirán indemostrable. Y la verdad es que sólo los últimos tienen la razón, pues es indemostrable, pero no por ello exagerado o innecesario, ya que la medicina se basa precisamente en la búsqueda de todos esos pequeños problemas que “puedan” provenir de la medicación, pues a partir de ellos es cuando aumenta la investigación y se demuestran dichos problemas. Si hacemos oídos sordos a todos estos, en realidad lo que estamos haciendo es quitarle importancia a algo que puede ser muy grave. Este es el caso de una señora de mi pueblo, paciente mía, de edad avanzada y polimedicada, a la que llamaré señora X.

              Esta señora X, de 85 años, falleció el jueves pasado (la noche del jueves al viernes) por causas desconocidas, si bien se achacó esta muerte a su edad, con gran posibilidad de un trombo cerebral, ya que una noche estaba bien (dentro de sus achaques y problemas) y a la mañana siguiente estaba muerta. Lo que se conoce como muerte fulminante. No ha habido autopsia ni ningún tipo de investigación (para casos como este no es necesario). Y la verdad es que en cualquier caso similar yo mismo diría que no es necesario. Pero este caso, al ser conocido por mí como farmacéutico, me hace preguntar un par de detalles. Esta señora durante mucho tiempo estuvo tomando Iscover (un antitrombótico) y que con lo del catálogo se le cambió a Clopidogrel (el genérico). Y resulta que después de unos días con este nuevo medicamento la señora muere, y se presupone un trombo cerebral.

              Puede que no haya relación entre ambos hechos. Puede que hubiera pasado lo mismo de seguir con el medicamento anterior. No niego ninguna de las dos posibilidades. Pero también puede que este trombo sea debido al cambio de medicación. También puede que estemos ante un efecto secundario de la medicación (los genéricos no pasan los controles que pasan los medicamentos de marca, ni los estudios previos… simplemente copian la molécula y “tiran pa’lante”, asumiendo que su medicación será igual que la otra, con los mismos efectos, tanto beneficiosos como perjudiciales). Como dirían en mi tierra: “Ni sí, ni no, ni todo lo contrario”.

              Y supongo que como este caso habrá muchísimos más, en los que no hay demostración posible de nada, pero que queda la duda. Y si hay una muerte de por medio, pues mayor ahorro para las arcas del gobierno, se ahorra en medicación, se ahorra en pensión, se ahorra en hospitalización… todo son ahorros.

              Y otro caso más sangrante aún, pues así como el anterior es grave, no es demostrable ni asumible, mientras que éste sí lo es. Y lo digo porque ni sabía que pasaba hasta hace unos minutos que entró un señor en la farmacia con una receta de Stilnox para otro señor (ambos bien conocidos por aquí, del pueblo), y (tonto de mí) se me ocurre preguntarle qué es de la vida del otro, que hace tiempo que no viene por aquí, a lo que me responde que está en el hospital. Y claro, entonces me salta la alarma. El Stilnox es un psicótropo, un medicamento de control especial por parte de la farmacia, y que, ante cualquier duda tenemos la obligación de preguntar primero y no dispensar después. Así que me dispongo a la ronda de preguntas y respuestas. Y el resumen viene a ser algo así:

El señor al cual la receta se hizo está en el hospital, pero la medicación que le dan allí no le hace el mismo efecto que la que tomaba en su casa. De forma que desde el mismo hospital, ante el hecho de no tener esa medicación (no sé la causa, si es que no la piden, se les agotó, o se la fumaron), decide entregarle la cartilla sanitaria al familiar que se encuentra con él y decirle que vaya al médico de cabecera para que le haga una receta de esa medicación y que la coja en una farmacia de fuera del hospital, y luego se la lleve al hospital, se la entregue a enfermería y ya se encargan ellos de darle la medicina con la pauta señalada.

              Es decir… que aquí tenemos un gran problemón. Primero que el hospital se ha lavado las manos en el trato al paciente, tanto a nivel de medicamentos como a nivel de médicos. Así, ante cualquier problema, siempre pueden argüir que la culpa es del propio paciente por llevar medicación de fuera. Además se aumenta el “ahorro ficticio” del hospital al no tener necesidad de tener medicinas… ya las traen los propios enfermos (o sus familiares). También se pueden usar los datos del hospital para falsear los estudios estadísticos, pues si el hospital no gasta en medicamentos, sus médicos no emiten cierto tipo de recetas, y su farmacia hospitalaria sólo dispensa cierto tipo de medicación, pero luego los enfermos toman otros medicamentos y por lo tanto se cura igual… al final el estudio “demostrará” que esa política de ahorro es “buena”, que el medicamento que se da en el hospital, con menos uso hace el mismo efecto, etc.

              La política está para la mentira y el engaño, la manipulación y el control. Y en el tema sanitario esto es muy grave. Pues mientras la sanidad en España sea monopolio estatal, al margen de que eso signifique que es cara, lenta y mala, cuando un político habla de ella, asumiendo que nos miente, nos engaña, nos manipula y nos controla… pues vaya “cristo” que se tiene montado entonces. Según el cuadro inicial, el gasto en sanidad es patético en comparación con el gasto general, pero aún así, en lugar de reducir en otras partidas donde se podría reducir mucho más el gasto, se siguen reduciendo en aquellas en las que ya está demasiado ajustado todo, con la consiguiente pérdida de productividad, de efectividad y de calidad final (aún más, que ya es decir), mientras se aumentan en otras donde no tiene mucho sentido (gastos absurdos como el plan E, el aumento de plazas de funcionarios, etc.)


              Y mientras no hagamos nada para remediarlo, así nos irá.

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