domingo, 22 de noviembre de 2009

Causas, desarrollo y consecuencias de la partitocracia española.

En nuestra corta vida, hay quienes piensan que no acaba de ocurrir nada. La verdad es que la mayoría de las veces, ocurren demasiadas cosas como para resistir el deseo de escribir sobre algunas de ellas. Generalmente ocurre con aquellas que te marcan la vida; no solo a ti, sino a la gente que vive coetáneamente en tu país. El mini-ensayo se refiere a la génesis -por imprevisible que apareciera al principio- de un sistema, parecido al que acaeció en el Méjico del PRI, donde un partido acabó siendo el Estado en sí mismo, corrompiendo hasta las bases mismas de la democracia que pudiera haber habido y dando al traste con una evolución política que ha tardado en recomenzar más de 70 años. Se referirá pues, al incipiente Estado de Partido que estamos comenzando a ver aquí, en España.

Sus orígenes se remontan, suele ser habitual, a tiempos en que la gente, deseando salir de un entorno malo, cede un cheque en blanco a quien cree, le parece o le dicen, le podrá sacar para mejorar. Todo se reduce a generar un aparato de propaganda lo suficientemente potente como para bombardear a las gentes de buena fe con unas consignas que les hagan depositar en ellas su soberanía y seguir confiando en ellas el tiempo que haga falta. Así, nuestro particular PRI, el PSOE, nada sospechoso de estar corrompido por la Dictadura anterior, pero tampoco de haberse implicado en nada del otro mundo, se erige, al poco tiempo de llegar el nuevo sistema, que no calificaré por razones obvias, en el garante de la democracia española, teniendo su pico de aceptación en las Generales de 1982.

El desarrollo ha sido lento, pero firme. No ha retrocedido nunca. Y si alguien lo niega, le diré que a veces, hay que retroceder un paso para avanzar otros dos. Desde los Municipios, ganados en avalancha en las elecciones municipales anteriores, se organiza el primer cúmulo de poder, el Poder Local. Este ya no será abandonado, todo lo más, permitido que otro lo ostente cuando no hubo más remedio. Consecuente con su lógica, el PSOE asalta la primera instancia Provincial de Poder, que tanto había criticado a la Dictadura, Las Diputaciones Provinciales. Desde ellas, se suma, de mala gana, a la lucha por la Autonomía, aunque pronto aparecerá como el líder de este movimiento, que, en realidad, estaba destinado a ser el nuevo caciquismo, también criticado hasta la saciedad por estos nuevos líderes políticos.
Ganada la Autonomía, los pasos del PSOE se dirigen, incansablemente, a desgastar al Gobierno de la UCD, a base de detraer políticos que, sin ideas previas, se decantaban según los puestos ofrecidos desde los incesantes incrementos de púlpitos de poder socialista. La batalla se resuelve después del 13-F, en las Generales y llegada de González al poder. Entonces es cuando, sin prisa pero sin pausa, se van concretando las estructuras de poder del partido ganador: Se crean, sin ningún género de dudas, las cuatro administraciones que soportamos hoy en día y que no podemos sostener ya, en el Siglo XXI. En una misma provincia hay delegados del Gobierno, del Gobierno autonómico, una variopinta cantidad de delegaciones provinciales del ente autonómico, amén de las citadas Diputaciones, con amplias competencias en distribución de fondos según sea el color político que convenga, y una Ley Local que acaba atribuyendo a los alcaldes potestades que nunca debieron ser transferidas.
Este no ha sido el único asalto a la Constitución que ha perpetrado el PSOE. Desde un principio, se vio que iba a por el Poder Judicial. La insistencia en que los jueces no pudieran elegirse entre ellos, acabó con la independencia de estos y sometió, a lo Bonaparte, a la Justica, haciendo de ella un lacayo más del rodillo socialista. Desarmado el control entre los poderes del Estado, quedaba todavía arrasar el Legislativo. Han sido muchas las formas, pero al final, se ha conseguido. El PSOE tiró al monte al negociar directamente con las CC AA los asuntos interterritoriales, haciendo del Senado una Cámara vacía, sin poder y sin argumentos lógicos para seguir existiendo. Más modernamente, hace unos meses, en 2.009, ya ni negocia con ellas, simplemente se limita a hacer pactos con las que más le pueden complicar la financiación, y eso es lo que se aprueba. En buena parte, eso es lo que ha ocurrido con el Parlamento, el Congreso, que se ha convertido en una cámara bastarda, por el uso que de su Mesa hace el PSOE, negando, una y otra vez las comisiones de investigación que no le interesan y lo mismo con las interpelaciones y/o proposiciones de Ley que le dejarían en minoría. Esto es un remedo de lo que ocurre en los Parlamentos autonómicos. En Andalucía, sin ir más lejos, después de 30 años ininterrumpidos de gobierno socialista, la mesa del Parlamento no ha consentido ni una sola Comisión de Investigación.
El Título VIII de la Constitución, quizás su Talón de Aquiles, también ha sido aprovechado por el PSOE para autorizar, allá donde le ha convenido una desvertebración de España que resulta un escándalo, se mire por donde se mire. Se han autorizado nuevos Estatutos de Autonomía que de serlo en Quebec, los quebequenses no pedirían nunca la independencia. Eso se ha hecho también con la aquiescencia de la oposición y de la entera lista de los partidos nacionalistas, en una ceremonia del centrifuguismo más delirantes de nuestra historia. Hoy, España es un Estado fallido, rota su unidad de mercado, sin seguridad jurídica alguna y con territorios que no solo se saltan la solidaridad a la torera, sino que viven en un régimen de "independencia virtual".
La casta de políticos que han perpetrado este crimen de Lesa Patria, empezando por los socialistas y terminando por todos y cada uno de los demás, han demostrado, en las dos últimas legislaturas, un sentido de la irresponsabilidad, una falta de respeto por los ciudadanos y una vida ajena a la de sus compatriotas tan evidente, que incluso los menos documentados en lo que a la vida política del país se refiere, ven con muy malos ojos.

El final de este entramado es la consolidación de un partido -y, en general, de todos los demás- corrupto hasta la médula (260 casos de corrupción del PSOE, 200 del PP, puestos de relieve por la Fiscalía, que no se atreve a destapar los demás) que se enseñorea por España y que, después del asalto a la Constitución y de sus leyes, radicalmente opuestas a la convivencia, no ha sabido lidiar con una crisis que le desborda por su ineptitud, dando como resultado la ruina del Estado.

Consecuencias: El poder corrompe. El poder absoluto, corrompe absolutamente. Aquí estamos 30 años después. Lamentablemente, no era solo la casta política franquista la que podía corromperse. Cualquiera con demasiado poder, puede hacerlo. El secreto de una democracia que se precie, no de la española, que no lo es ni en su fachada, radica en el control de los poderes, el control entre ellos, y los contrapesos para que ninguno pueda tomar las riendas y hacer lo que le venga en gana. Este es el fracaso de la Reinstauración Juancarlista. A este fracaso no ha sido ajeno el desacato cometido con respecto a la educación impartida a las generaciones que vinieron después del 78. Buena parte del patio está absolutamente ajena a lo que ocurre, no tiene formado su sentido de la crítica y lo que es peor, cree, sinceramente, que el Estado es quien tiene que sacarle las castañas del fuego. Así, no vamos a ninguna parte.

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