lunes, 23 de noviembre de 2009

El timo sostenible

Que las dos tardes de clase sobre economía que dieron a Zapatero, caso de que, en efecto, así ocurriera, fueron insuficientes es una obviedad tan de Perogrullo que sobraría tener que señalarla, pero son ya tan recurrente la temeridad con que este hombre rige nuestro futuro económico y la necedad con la que se asoma a los televisores por los que escupe sus desatinos para vendernos filfa, que es necesario, creo yo, una vez más, mostrar la estupidez global y sostenible de este hombre que, merced a la estulticia patria, vino a caerle en desgracia a esta desventurada España.

Nos sale ahora el tipo con la “Ley de Economía Sostenible”, para anunciar la cual ayer se hizo montar un show holliwoodiense. Cree este insensato que las energías subvencionadas con la pasta nacional (que entre otras cosas han incrementado el coste del kilowatio hora hasta un 23 %) son la solución al desastre por el que se desliza la economía española (y hasta puede que este aprendiz de petimetre sueñe con que lo sea también para la economía planetaria).

Pero… ya no se trata sólo de dinero. Va mucho, mucho más allá. La cuestión esta de las energías renovables no deja de ser sino una excusa para que el Estado meta el cazo un poco más en nuestra sopa y acabe por aposentarse en nuestros hogares: un poquito más de Estado en nuestras casas y algunas libertades menos para el ciudadano. Y es que, tal y como muy acertadamente dice Vaclav Klaus, presidente de la República Checa -y que Alberto Gomez Corona cita en su artículo La agenda oculta de Copenhague: El debate sobre el calentamiento global no es acerca de las temperaturas y los niveles de CO2. Es una guerra ideológica entre los que quieren cambiarnos a nosotros (y no al clima) y los que creemos en la libertad, los mercados, en el ingenio humano y en el progreso técnico. Los abogados del alarmismo climático piden una expansión sin precedentes de la intervención del Estado en nuestras vidas. Estamos siendo obligados a aceptar reglas acerca de cómo vivir, qué hacer, cómo comportarnos, qué consumir, qué comer, cómo viajar. Es inaceptable.

La tragedia climática que, al parecer, nos acecha pone a nuestros políticos en bandeja una oportunidad magnífica para que, con la noble excusa de salvar el planeta, intervengan un poquito más en nuestras vidas y nos despojen de un nuevo trocito de libertad. A cuenta de ese calentamiento global que por activa y por pasiva pretenden hacernos tragar, cada día introducen en nuestras vidas nuevas normas, leyes, códigos, decretos y providencias, de manera que al final, para funcionar por la vida, deberemos ir acompañados del correspondiente código de conducta ecológica.

Mientras tanto, y a medida que vayan gravando a las empresas con impuestos que influirán notablemente y para mal sobre su actividad industrial, esta crisis -causada por la avaricia de algunos, según el bien decir de nuestro Presidente- no hará sino agravarse. Nuestros bolsillos lo pagarán, por supuesto, que para eso está el contribuyente. Eso sí…, de energía nuclear ni hablamos, excepto para decirle muy educadamente que no, gracias.

Y, por supuesto, sigamos cargándonos bosques, auténticos recicladores de CO2, para colocar molinos..., a ver si hay suerte y el viento sopla…

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Nota: la imagen es un chiste gráfico dibujado por Martín Morales y está tomada del periódico ABC, de 23-Noviembre-2009.

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