miércoles, 31 de marzo de 2010

Terrorismo en Moscú


A 39 muertos y 70 heridos asciende, de momento, el balance de víctimas del brutal atentado perpetrado el lunes en el metro de Moscú, en dos estaciones, por dos terroristas suicidas equipadas con cinturones con explosivo que llevaban puestos, dos supuestas "viudas negras", como llaman en Rusia a las terroristas suicidas, que suelen ser esposas de guerrilleros islámistas chechenos abatidos por fuerzas de seguridad.

Rusia, como el resto del mundo civilizado, es objetivo del terrorismo yihadista, en lo que se ha transmutado el viejo nacionalismo separatista checheno. El objetivo ya no es la independencia de la pequeña república caucásica, sino la proclamación de un Emirato del Cáucaso, donde se imponga la ley coránica y la responsabilidad de todo musulmán de luchar contra los infieles, quizás integrado en el Gran Califato que abarque desde el Pacífico hasta las costas atlánticas. Algo muy similar a los objetivos de Hamas, un movimiento que ya no sería nacionalista palestino, sino orientado a borrar del mapa Israel, elemento extraño que estaría ocupando tierras del Islam, e integrar esos territorios dentro de esa totalitaria entelequia regida por la sharia. Hace alrededor de un mes, sin ir más lejos, las fuerzas especiales rusas abatieron a Mohamed Shabban, en la vecina república de Daguestán, más conocido como Saif Islam o Espada del Islam, un operativo de Al Qaeda enviado para ayudar a la yihad en la zona y responsable de la reorganización de varios grupos chechenos, además de inspirar diversos atentados y ataques.



El presidente ruso, Medveded, ha anunciado una "guerra sin cuartel" contra el terrorismo, que podría incluir la aplicación de la pena de muerte, en moratoria desde 1996 como exigencia para que Rusia entrara a formar parte del Consejo de Europa, a quienes cometan atentados de esta magnitud. No sabemos, tras la lógica reacción que se ha producido en las horas siguientes hasta dónde llegará pero Medveded al menos parece bastante concienciado frente a esta amenaza. Como lo estuvieron, en su momento, Putin, Bush, Blair y Aznar. El ex-presidente ruso no se detuvo en consideraciones sobre la legalidad o ilegalidad de lanzar operaciones bélicas contra el terrorismo ni en sofisticados entramados jurídicos, como Guantánamo. No se puede estar de acuerdo con las masacres y la destrucción sembrados por el ejército ruso en Chechenia, eso son cuestiones diferentes, pero Putin no recibió nunca, sin embargo, las condenas que desde nuestra progresía han recibido los otros tres (en España tenemos, incluso, una bizarra plataforma llamada "Juicio a Aznar"). Nunca se montaron campañas contra Rusia como las que, por ejemplo, se lanzan contra Israel cuando este país responde a ataques terroristas.

Matar es muy fácil y mandar kamikazes a inmolarse en medios de transporte en horas punta sumamente rentable para los ideólogos del terrorismo. Al efecto del atentado se une un baño de sangre difícil de asimilar para la sociedad y la esperanza para los terroristas de que la conmoción obligue a los gobiernos a realizar concesiones. Aquí tenemos el ejemplo del Gobierno de Zapatero, que tomó como vía de escape más fácil, tras el 11-M, obedecer la orden de unos miserables terroristas islamistas, desertando de Irak (la guerra que, por aquel entonces, decían que era "ilegal"), para, acto seguido, sumarse a la iniciativa, lanzada en 2001 por el régimen de los ayatolás iraníes, de "Alianza de Civilizaciones" impulsándola en colaboración con la asamblea de dictadores asociados, también conocida por el común de los mortales como ONU, una de las cosas más burdas que ha salido de la mente de un político occidental en décadas. Tan burdo como la idea de nuestro presidente de que
"el terrorismo no tiene justificación. No tiene justificación, como la peste; pero como ocurre con la peste, se puede y se deben conocer sus raíces; se puede y se debe pensar racionalmente cómo se produce, cómo crece, para combatirlo racionalmente". El asesinato por medio del terrorismo no sería una decisión totalmente voluntaria y una elección de causar muerte y destrucción tomada en total libertad, sino una reacción sin voluntad propia, producida como consecuencia de la "pobreza", uno de los clichés más en boga tras el 11-S. Es uno de los prejuicios progres por excelencia: los pobres no saben lo que se hacen y no actúan por sí mismos. Según esta interpretación de la realidad, el camino del terrorismo no se elige, se padece como si de una enfermedad se tratara, de un accidente (como los atentados de la ETA, por cierto), algo sobre lo que por tanto, desde Occidente, que somos los culpables de esa pobreza que no dejaría otra salida más que el terrorismo, en resumidas cuentas, no podemos hacer juicio de valor alguno sin caer en la injusticia. Esta es la mostrenca cosmovisión que Zapatero tiene entre ceja y ceja. No le vamos a cambiar a estas alturas y, en definitiva, la cuestión es que los terroristas ya no tienen a un Bush, a un Blair o a un Aznar enfrente. ¿Quién decía que el mundo era más "inseguro" durante la Administración de Bush Jr. en los USA?


No soy del pensamiento Alicia en cuanto a cuestiones internacionales pero habrá que ver si es posible una mayor cooperación entre Occidente y Rusia y en los próximos meses, así como un giro en su política, la cual, por momentos, parece heredada de la antigua Unión Soviética. Los rusos se han empleado con fuerza y a veces con brutalidad contra el terrorismo en el interior de su país pero han cultivado amistades peligrosas en el exterior con regímenes como el de los ayatolás, sustentador de Hamás y Hezbolá, o el de Hugo Chávez, con cordiales relaciones con el anterior (amén de amigo de ETA y las FARC), convencidos, por un lado, de que la amenaza del islamismo es algo menor en comparación con otras como la ampliación de la OTAN al Este o la posibilidad de no ser tratados de igual a igual en la relación con Estados Unidos, y, por otro, de que las inversiones, la tecnología y el armamento que se entregue a estas dictaduras gamberras atenuará el apoyo que las mismas prestan al islamismo radical. Rusia habrá puesto piedras en el camino estadounidense en el mundo islámico pero ha debilitado enormemente su posición. Teniendo en cuenta, sobre todo, lo dicho antes, la yihad anti-rusa no es cosa de separatistas de una pequeña república caucásica sino parte del fenómeno islamista radical global. Algo a lo que también deberíamos prestar atención nosotros, puesto que es una realidad que, igualmente, hemos ignorado.
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