viernes, 12 de febrero de 2010

Planes de Estabilización y exilios…

 

absolutmarbella.franco.eisenhower Lo que vino a decir Eisenhower a la España de Franco es que era necesaria para una Europa en construcción y mucho más para crear un muro de defensa frente al comunismo estaliniano que campaba por sus respetos en la Europa del Este. Para ello, Ike no reparó en que Franco fuese un dictador –y no veas qué tipo-, sino en la receta de los inventores de la historia, que son los capitalistas, mientras no se demuestre lo contrario. Apoyándose en cerebros creados para las finanzas en los Estados Unidos, léase López Rodó y todos los tecnócratas del régimen, logró horadar el involucionado corazón “duro” del franquismo y lanzó su Plan de Estabilización. Comenzó entonces un ajuste de la economía feroz que, si bien llegó a la formación de una clase media necesaria para la elevación de España a la categoría de “democracia”, como efecto colateral, exilió a más de tres millones de españoles por tierras europeas y latinoamericanas. El escenario de paro, falta e liquidez financiera, escasez de recursos sanitarios, etc., forzó a muchos hijos de este país a irse a la aventura para forjarse un futuro mejor. Ese exilio cae en el debe de la dictadura franquista y desde siempre se le consideró como una de las más feroces atrocidades que cometiera contra la sociedad española. Ese exilio fue una bandera que agitó la izquierda desde el mismo momento de su existencia como algo que le garantizaría su supremacía moral sobre la derecha de aquel tiempo y sobre las futuras derechas que pudieran sobrevenir. Ese exilio fue sufrido con sangre, sudor, lágrimas y familias destrozadas. Ese exilio fue el exilio exterior.

Las cosas cambian y los tiempos también. Y la historia, que es muy tozuda, acaba poniendo en el mismo sitio a quienes criticaron entonces  a Franco, pero no lo hicieron con los americanos que trajeron la receta. Hoy, por la gracia de la socialdemocracia, estamos donde nos pusiera el dictador. Estamos al borde de un colapso como no se haya visto jamás en nuestra historia, pero en el cual, las responsabilidades han de ser depuradas desde el frente de la izquierda. El paso de la dictadura a la democracia se realizó transitando por puentes muy delicados de consenso y buena voluntad. Esos puentes han sido dinamitados por una izquierda sectaria, que no ha dudado en jugar con el futuro de los españoles y lo que es peor, con el futuro del país en sí. Esta izquierda que no ha sido capaz en treinta años sino de dilapidar cuantos esfuerzos se han hecho para sacar al país de su atraso, es responsable de su propia incapacidad. Ya van dos veces que los socialistas abocan al país a grandes crisis. Veremos como la historia los vuelve a poner en su sitio y veremos cómo la derecha vuelve para poner orden donde ellos instauraron el caciquismo, el dedazo, la oligarquía política, los sueldazos, el gasto incontrolado e incontrolable, los conflictos territoriales y la ruina de la justicia. Algún día se valorará en su justa medida, si todavía hubiese historiadores con coraje, el mal realizado por esta izquierda en tan solo seis años de gobierno. La tragedia, sin embargo, no está en las grandes palabras, ni en las grandes instituciones; no en las portadas de los periódicos, no en los telediarios. En su desconocimiento supino del mecanismo de integración monetaria, estos ineptos dinamitaron el control fiscal y ahora, millones de ciudadanos, millones de familias, deambulan por el país, que ya tiene índices de pobreza superiores a los que pueda tener el mismísimo Marruecos. Estas personas forman el exilio interior.

líderes zona euro El Plan de Estabilización que exigen hoy los inversores es el mismo que le exigieron a Franco. Lo mismo que se le pedirá a Grecia, a pesar de que Zapatero no aparezca ni en la foto. Traerá un ajuste dramático de nuestra economía y una pérdida de poder adquisitivo notable para los que todavía trabajen. Mucho más doloroso será transitar por este exilio para aquellos que, no pudiendo ya salir del país, no trabajan y sobreviven como pueden. Este es el exilio que crea el socialismo español. Podrá tardar más o menos en poner en marcha las reformas previstas, pero habrá de hacerlo. Cuanto más tarde, mayor será el dolor que provocará en nuestros ciudadanos indefensos. No es verdad que se pueda proteger a todos todo el tiempo. Eso solo es política para hoy y hambre para mañana. Pero el mañana ya ha llegado. Si hubieran tenido cabeza fría y algo de conocimiento de lo que se les venía encima, hubieran evitado mucho del dolor causado. Este es el exilio interior. Esta es la fase aguda de la crisis. Una crisis que no afecta a quienes la crearon. Una crisis amargamente sufrida por muchos ciudadanos que una vez creyeron en José Luis Rodríguez Zapatero y le pidieron, tras ganar unas elecciones sobrevenidas, “¡No nos falles!”

La gran lección de los dos exilios debe ser, como dijera Marx en su análisis hegeliano de la realidad social, una lección de síntesis. Y la síntesis no puede ser otra que la ciudadanía aprenda la lección. No hay ideología que merezca poner en sus manos nuestro futuro. Debemos ser críticos y empezar, de una vez, a pedir responsabilidades desde la sociedad civil, para acabar con esta putrefacta casta de pusilánimes, que se enrocan detrás de sus escaños y hasta nos amenazan con irse si no se les respeta sus sueldos. Es en la crítica donde reside el poder de la democracia. Una democracia apesebrada conduce a algún tipo de exilio. Ahora nos ha tocado el interior. ¿Estamos dispuestos a soportar otro exilio por obra y gracia de otros políticos que nos prometan la luna y no cumplan nada de lo pactado? La síntesis es una sociedad civil en acción, demandando responsabilidades penales y poniendo a cada uno en su sitio. Y si eso significa reformar la Constitución, hagámoslo. Porque nuestros hijos no merecen la herencia que esta gentuza les está preparando desde hace casi treinta años.

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