miércoles, 3 de febrero de 2010

¿Qué principios defiende un liberal?


Pedro Schwartz, en el prólogo a la obra de David Boaz "Liberalismo. Una aproximación", publicado por la editorial Gota a Gota, resume una serie de ideas:


¿Es usted liberal?
Por Pedro Schwartz
Libertad Digital (30/03/07)


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Individualismo. El liberal toma al individuo como realidad fundamental de la vida en sociedad. Todo en la vida social ha de ser reducible a las acciones y planes de los individuos y a sus consecuencias inesperadas.

Derechos individuales. Consisten en los derechos humanos en sentido estricto, que idealmente se definen como el derecho de propiedad sobre la propia persona y sobre los bienes y recursos con los que ella cuenta. Su ejercicio excluye la violencia, la coacción y el engaño.

Dignidad del trabajo. Las personas se dignifican aplicando su ingenio, su inventiva, su esfuerzo, su ahorro e inversión a mejorar su condición y la de su familia. El Estado no debe favorecer la búsqueda de rentas públicas, discriminar con sus impuestos a los más afortunados ni fomentar la corrupción del Estado de Bienestar.

Orden espontáneo. Las sociedades humanas se armonizan en el marco de la ley, sin que nadie las organice centralmente. Ello ocurre como si las guiara una mano escondida, movida por los acuerdos de intercambio voluntario de bienes y servicios que toman los individuos. Esos acuerdos son en mutuo beneficio precisamente porque los intereses de unos y otros no coinciden.

Soberanía de la ley. No basta con proclamar el "Estado de Derecho", en el que la legislación acordada por mayoría y promulgada formalmente puede imponer lo que quieran quienes detenten el poder político. La soberanía de la ley es algo más. Es la obediencia a una Constitución acordada unánimemente, que protege la vida, la persona y las propiedades de los individuos y permite acuerdos comunales cuando los ciudadanos los consideren en beneficio de todos.

Igualdad ante la ley. La ley no puede hacer distingos por motivos de sexo, religión, raza o jerarquía. No son aceptables la discriminación positiva ni la igualación artificial de oportunidades –que son cosa distinta de la carrera abierta para todos los talentos.

Mercado libre. En un marco de competencia suficiente, el libre mercado no sólo fomenta la riqueza de todos, sino que es un poderoso baluarte de las libertades individuales. El Estado no debe, pues, intervenir precios, intereses ni alquileres; tampoco debe prohibir contratos libremente acordados entre adultos, como serían los laborales o los de comercio de sustancias que sólo afectan a sus consumidores.

Defensa de la paz. Las democracias liberales procuran el mantenimiento de la paz dentro y fuera de sus fronteras y sólo emplean la violencia para defender a sus ciudadanos de la violencia de enemigos interiores o exteriores.

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También hace un buen comentario sobre las relaciones con la socialdemocracia y el conservadurismo. Y por qué suele ser más fluida la relación con el segundo, hasta el punto de hablarse, en ocasiones, de "alianza entre liberales y conservadores" (en Estados Unidos, incluso con los neoconservadores, dentro del Partido Republicano) por más que, en realidad, y hay que reconocerlo, este entendimiento, en buena medida, procede de la oposición al socialismo que une a ambos. En España, por centrarnos un poco en nuestro país, un vicio adquirido y habitual es definirse liberal en función de aquello que se rechaza de la izquierda, de tal modo que, al final, casi todo lo "no izquierdista" sería "liberal".

Según expuso Hayek en "Los fundamentos de la libertad", "el conservador, como el marxista, considera natural imponer a los demás sus valoraciones personales". El liberal "en abierta contraposición a conservadores y socialistas, en ningún caso admite que alguien tenga que ser coaccionado por razones de moral o religión". Para el liberalismo, no hay nadie con superioridad moral para decir a los demás lo que deben hacer o creer y por ello quizás, "el socialista desengañado, con mucha mayor facilidad y frecuencia, tranquiliza sus inquietudes haciéndose conservador en vez de liberal".

Aunque sí sea cierto que el liberal, habitual y normalmente, suele encuentrar un interlocutor más abierto y receptivo en el conservador que en el socialista. El propio Hayek reconoció en alguna ocasión sentirse más próximo a los conservadores que a los socialistas. Asimismo, el economista austriaco considera que los conservadores no son, pese a las diferencias, desdeñables como dique de contención o freno en aquellas situaciones en que la deriva socialista amenace con llevarnos por delante a todos. Aquí coincido también plenamente con él (qué nos van a contar en España).

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El socialista quiere libertades personales sin responsabilidad, y pública intervención en lo económico. El conservador tiende a pedir censura y control en materia de costumbres, y se inclina (al menos en los Estados Unidos) a favor del libre mercado.

La razón por la que (...) el liberalismo clásico está más cerca de los conservadores que de los socialdemócratas es que a los conservadores es posible convencerles de que, librado el individuo del paternalismo de los socialistas, que quieren imponerle, quiéralo o no, lo que conviene a la sociedad, el individuo se hace más responsable, más ahorrador, más innovador e incluso más sinceramente religioso, como lo es en Estados Unidos.

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