domingo, 27 de diciembre de 2009

Mujer, 48 años, seria, divorciada, enseña gratis el búlgaro



Traigo a colación la anécdota de Ramón. Mi amigo Ramón es un tipo bonachón y tímido, sobre todo con las mujeres. Ramón fue el típico niño sometido a la enseñanza “progresista” que tanto gusta a los socialistas, es decir, que en él ha progresado el desinterés, el analfabetismo funcional y la falta de esfuerzo intelectual. Ramón es una bellísima persona pero su defecto es que es poco autodidacta, se conforma con los paupérrimos conocimientos adquiridos en la escuela pública y nunca ha hecho nada por mejorarlos.

Ramón me repetía con frecuencia que, con sus 30 años, estaba deseoso por abandonar su estado de soltería; pero lo que realmente quería Ramón era perder su virginidad y no sabía como. Un día le convencí que utilizara una sección de contactos amistosos de una revista para que pudiera conocer a su media naranja. Ramón, ilusionado, le pareció una buena idea.

A la semana siguiente me encontré con Ramón y le pregunté como le había ido en su primer contacto. Ramón me dijo que se había citado con una señora cuyo anuncio decía: “Mujer, 48 años, seria, divorciada, enseña gratis el búlgaro”.

Ramón, algo angustiado, me dijo que en la primera cita comprobó que el búlgaro no era lo que pensaba.

El pobre de Ramón desconocía que existía un país llamado Bulgaria y que el búlgaro es una lengua indoeuropea de la rama meridional de las lenguas eslavas, que se escribe con caracteres del alfabeto cirílico.

Sin embargo, a pesar del malentendido, Ramón se hizo muy amigo de la búlgara, cuyo nombre era Salud.

Ramón me contó que en la primera clase aprendió que en búlgaro, para decir sí y no, se agita la cabeza al revés: SÍ, de forma horizontal (de derecha a izquierda); NO de forma vertical, o sea, de arriba a abajo.

Salud también le había hablado sobre su vida en Bulgaria, de su infancia en la escuela. Le contó como un día su maestro de escuela quiso explicar a los alumnos en qué consistía el paraíso comunista que teorizó Karl Marx, a través de una frase célebre: "De cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades".

Salud estaba acostumbrada a la propaganda marxista que machaconamente recibían los cándidos alumnos en la escuela estatal. Como es lógico no había libertad de opción para optar por otro tipo de escuela. El socialismo de aquella República Popular Socialista Búlgara, vinculada a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) era así de rotundo en lo que respecta al tema de las libertades básicas de los ciudadanos.

Salud, desde pequeñita, cometía con facilidad el pecado de reflexionar y pensar con lógica en un entorno muy peligroso para hacerlo. Después de la charla recibida sobre Karl Marx se atrevió a preguntar al maestro lo siguiente:- "Si mi compañero de pupitre y yo iniciamos el año con el mismo dinero, pero yo con eso compro semillas y cultivo un huerto, mientras que él se gasta todo el dinero en cerveza y prostitutas, ¿deberé repartir con él lo que obtenga cuando venda las verduras y hortalizas obtenidas con mi trabajo y esfuerzo?"- La consecuencia fue que debido a su insolente pregunta la trasladaron a una escuela para alumnos a los que, por cuestiones ideológicas, se les vetaba su acceso a la universidad. Asqueada del socialismo, cuando tuvo oportunidad, hizo las maletas y huyó a España. Salud fue muy valiente porque el gobierno socialista había decretado que todas las personas que dejaran el país sin permiso serían condenadas a pena de muerte y sus familias corrían el riesgo de ser internadas en campos de concentración.

Salud fue un producto defectuoso de la educación normalizada socialista.

-“Desde entonces ha llovido mucho en Bulgaria; ¡incluso se derrumbó el maldito muro de Berlín pero no en las mentes de algunos!”- decía sabiamente la señora búlgara.

Saludos Поздрави (pozdravi)



Continúo en mi bitácora: Lodicecincinato.tk

1 comentario:

  1. Woooorales! y yo que me quería conseguir una esposa búlgara, definitivamente va a estar cabrón, mejo me consigo una esposa de albania :)

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